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sábado, 18 de maio de 2013

CARTA DO CANADÁ  O que está em jogo

"A ser assim, criam-se as condições para um frentismo pluripartidário que, com determinação e força, fale claro e alto em Bruxelas, em Washington, em Berlim, onde quer que seja preciso para fazer entender aos credores que os portugueses querem pagar a dívida como cidadãos livres e não como escravos reduzidos à miséria por uma chanceler fanática que tem no governo PSD-CDS, maila maioria parlamentar bem nutrida de aventais maçónicos, um rebanho de tristes ovelhas negras. Esclarecida a situação, postos os pontos nos ii, pode então a diplomacia digna desse nome fazer as pontes necessárias com os outros países do sul da Europa para uma acção conjunta na União Europeia, e incentivar os investidores estrangeiros e os empresários portugueses espalhados pelo mundo."
FALAR CLARO 

 Fernanda Leitão *

Creio que, nos últimos dias, há dois acontecimentos positivos a registar: as declarações de Lobo Xavier e Pacheco Pereira, e a entrada para o secretariado e Comissão Política do PS de António Costa e Francisco Assis.

Lobo Xavier (CDS) e Pacheco Pereira (PSD) afirmaram, na SIC, portanto perante todo o país, que Portugal nunca devia ter pedido o resgate e deixado entrar a troika, o que em sua opinião destruiu o pais, e que não devia ter sido derrotado o PEC IV e com ele o governo anterior (e eu acrescento que o foi com a entusiástica colaboração do PC e do BE, históricos adeptos do quanto pior, melhor). Ninguém que tenha amor à verdade e uma escorreita memória pode negar que José Sócrates se bateu até ao último minuto da sua governação contra a entrada da troika. Com esta pública reposição da verdade dos factos, Lobo Xavier e Pacheco Pereira deram uma estocada mortal num governo desacreditado pelo somatório da incompetência e da mentira, e podem muito bem ter aberto o caminho para profundas depurações no PSD e no CDS. E por tabela, também a deram ao PR que, como está à vista, defende o governo contra a vontade da esmagadora maoria do povo.

António José Seguro, ao chamar António Costa e Francisco Assis para lugares cimeiros da liderança do PS, convoca os socialistas a unirem-se para as lutas que há e as que virão. É, em suma, o tocar a reunir no PS com vista a eleições e as responsabilidades que delas virão.

A ser assim, criam-se as condições para um frentismo pluripartidário que, com determinação e força, fale claro e alto em Bruxelas, em Washington, em Berlim, onde quer que seja preciso para fazer entender aos credores que os portugueses querem pagar a dívida como cidadãos livres e não como escravos reduzidos à miséria por uma chanceler fanática que tem no governo PSD-CDS, maila maioria parlamentar bem nutrida de aventais maçónicos, um rebanho de tristes ovelhas negras. Esclarecida a situação, postos os pontos nos ii, pode então a diplomacia digna desse nome fazer as pontes necessárias com os outros países do sul da Europa para uma acção conjunta na União Europeia, e incentivar os investidores estrangeiros e os empresários portugueses espalhados pelo mundo.

Será indispensável que todos os movimentos populares, em geral apartidários, constituam a rectaguarda desta movimentação. Em tempo de guerra não se limpam armas: as diferenças hão-de discutir-se depois de passado o perigo. Estou certa que todos saberão compreender o que está em jogo. Portugal vale bem esse sacrifício.
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Jornalista

quarta-feira, 20 de junho de 2012

Uma leitura da questão

COM A DEVIDA VÉNIA in Democracia del siglo XXI
"Vemos entonces que uno de los problemas básicos del mundo contemporáneo es la calidad discutible de las élites políticas, en cuyas manos están los programas de modernización y democratización. La implementación de las reformas correspondientes ha estado y está en manos de grupos socio-políticos que disponen de la educación técnica y legal de rigor hoy en día, que exhiben las necesarias pautas cosmopolitas de comportamiento y que encarnan el espíritu tecnocrático de la época… y que son los principales responsables de la mediocridad del desarrollo global, de la preservación de la corrupción y de la ceguera frente a los dilemas de largo plazo, como son los temas ecológicos. Y es de lamentar que estos grupos en general posean irónicamente una legitimación democrática.

Crítica a las élites liberales


H. C. F.  Mansilla / Filósofo y escritor

Se puede aseverar que después de muchos años de transición a la democracia, en América Latina el proceso de democratización ha generado notables edificios institucionales que coexisten en curiosa simbiosis con normativas no escritas, costumbres ancestrales y prácticas cotidianas premodernas, particularistas y hasta irracionales. Muchas veces la democratización y la modernización han servido para revigorizar tradiciones populistas premodernas y, de este modo, hacerlas más resistentes frente a impugnaciones realmente serias.
Uno de los componentes básicos de la legitimidad democrática contemporánea se asienta en la capacidad de la sociedad respectiva de brindar un nivel de vida decoroso a la masa de la población, nivel que está determinado en gran proporción por las exigencias siempre crecientes del público y estas, a su vez, por lo ya alcanzado en las naciones altamente desarrolladas. Se trata, obviamente, de demandas elásticas (hacia arriba), que presuponen un aumento incesante de las actividades económicas de toda índole y, por consiguiente, sobrecargas cada vez mayores sobre los frágiles ecosistemas de un planeta básicamente finito.
Aquí se halla una de las carencias centrales de las actuales élites modernizadoras liberal-democráticas, que no son capaces de mostrar alternativas a largo plazo frente a las demandas de bienestar y progreso de todos los sectores sociales. La concepción de un crecimiento económico ilimitado tiene un carácter universal y pertenece a la dogmática del neoliberalismo, al núcleo de la doctrina del desarrollo sostenible, a la programática socialista y socialdemocrática y a las tendencias populistas y nacionalistas. El que posea una índole universal, es decir: aceptada por casi todos los estratos sociales, no transforma a esta demanda en lógicamente racional y humanamente razonable.
Es, simultáneamente, una de las ideas básicas que a priori subyacen a casi todas las teorías de la transición democrática. En vista del carácter finito de la Tierra y de los recursos naturales y considerando el incremento de la contaminación ambiental y el estado precario de los ecosistemas, estas visiones del mundo están edificadas sobre simples ilusiones, que los políticos, los responsables de los medios masivos de comunicación y hasta los teóricos del modelo democrático-liberal se han esforzado en mantener y fomentar como quimeras que dan réditos políticos.
En realidad la idea de un crecimiento irrestricto es un mecanismo de auto-engaño, que parte de presupuestos falsos, pero que tiene la función principalísima de tranquilizar las consciencias. De la misma forma, la competitividad a cualquier precio, la modernización a ultranza y el desarrollo como fin en sí mismo constituyen mitos contemporáneos basados en una lógica deleznable y en una total irresponsabilidad de cara al porvenir. En la praxis esto ha significado que la tradicional economía de subsistencia de muchas sociedades ha sido destruida, sin que una alternativa aceptable haya ocupado su lugar y que en pos de ganancias fáciles y rápidas el medio ambiente ha sido destruido de modo que nunca más podrá regenerarse.
Neoliberales comparten con antiliberales, populistas y socialistas algunas normativas básicas de la evolución histórica: el desarrollo y el crecimiento incesantes han sido convertidos en valores mágicos y casi sagrados, el desprecio por precauciones conservacionistas y ecologistas se mantiene pese a una cierta retórica de moda bajo el lema del desarrollo sostenible, y la edificación de un gran aparato productivo sigue representando la gran prioridad de políticas públicas.
La inmersión indiscriminada en la así llamada globalización y la competitividad a ultranza conforman rasgos de una psicosis colectiva, que terminará por erosionar todo contrato social, por convertir toda racionalidad en una meramente instrumental y por ceder la formulación de los grandes objetivos políticos en favor de consorcios privados, a los cuales el bien común les es indiferente.
Vemos entonces que uno de los problemas básicos del mundo contemporáneo es la calidad discutible de las élites políticas, en cuyas manos están los programas de modernización y democratización. La implementación de las reformas correspondientes ha estado y está en manos de grupos socio-políticos que disponen de la educación técnica y legal de rigor hoy en día, que exhiben las necesarias pautas cosmopolitas de comportamiento y que encarnan el espíritu tecnocrático de la época… y que son los principales responsables de la mediocridad del desarrollo global, de la preservación de la corrupción y de la ceguera frente a los dilemas de largo plazo, como son los temas ecológicos. Y es de lamentar que estos grupos en general posean irónicamente una legitimación democrática.
Esta constelación se da también en Europa Occidental, aunque en proporciones más aceptables y sin tanta corrupción abierta. Las élites actuales, como observó Erich Fromm, se comportan como las clases medias en su versión vulgarizada: ven los mismos programas de televisión que las clases subalternas, leen ─ si es que leen ─ los mismos periódicos, tienen apego por las mismas normativas, por los mismos gustos estéticos: la diferencia es cosa de cantidad y no de calidad.
La democracia es también una oportunidad para renegar de la meritocracia genuina y del talento crítico, pues el comportamiento colectivo se nutre de la envidia, que es una de las características más profundas y duraderas de la psique humana. Se puede afirmar que la envidia es algo más vigoroso y resistente que el anhelo de libertad y resulta, bajo el ropaje de la igualdad, mucho más peligrosa para una sociedad razonable que las jerarquías basadas en principios hereditarios.
En el fondo, los igualitaristas desarrollan un apetito incontrolable por diversiones baratas e indignas, por honores circunstanciales y, sobre todo, por bienes materiales; estos designios culminan en el régimen menos igualitario que uno puede imaginarse, en la plutocracia. Su peligrosidad se deriva de su carácter engañoso y larvado: el millonario que ve los mismos programas de televisión que sus empleados o el primer secretario del partido comunista que se viste como el obrero modesto ─la situación corresponde a Corea del Norte, Vietnam, Laos y Cambodia─ disimulan la inmensa concentración de poder que tienen en manos y encumbren la colosal distancia que existe entre élite y masa.
La élite política alemana, aseveró Hans Magnus Enzensberger, está exenta de aspectos como placer, opulencia, generosidad, fantasía, sensualidad, estilo y consciencia del futuro: su máximo lujo es el lujo plástico de las tarjetas de crédito. Es un poder frío, burocrático y tedioso. Según este autor, los empresarios más poderosos no poseen consciencia de clase, no tienen un estilo propio y diferenciable de otros estratos sociales, no imponen criterios relevantes para la conformación de la esfera pública, no disponen ni de ideología ni prestigio fuera de su pequeño círculo. Los títulos y los rangos se han esfumado: un buen cocinero vale tanto como un ministro.
En lugar del genio o del investigador hoy es celebrada la estrella de televisión, el cantante de moda o el deportista de éxito; la cultura se ha transformado en un aderezo ligero para amenizar los programas de los medios masivos de comunicación.
En medio de la actual euforia favorable a la modernización compulsiva, al crecimiento económico incesante y al pluralismo ideológico, surge como obligación ética e intelectual señalar las posibles limitaciones de la democracia contemporánea, asociadas a la calidad de las élites políticas actuales. Como toda obra humana, hasta el modelo más avanzado de ordenamiento político puede exhibir aspectos criticables. Este impulso crítico, contrapuesto a las inclinaciones apologéticas que nuevamente están de moda, tiene sus más remotos orígenes en el pensamiento social de la polis griega de la Antigüedad.
Basta recordar que los representantes más ilustres del pensamiento clásico, Platón, Aristóteles y Tucídides, dedicaron una parte considerable de sus obras a examinar aquellos conflictos de la vida humana que constituyen los dilemas políticos por excelencia. Y ellos percibieron ya entonces variados aspectos problemáticos en el modelo organizativo de la democracia clásica ateniense y analizaron las causas de su fracaso.
A comienzos del siglo XXI se puede afirmar que es indispensable contar con una sociedad que sea consciente de sí misma, de su potencial evolutivo y sobre todo de sus limitaciones, aunque esa autoconsciencia crítica sea detentada por una fracción reducida de sus habitantes: los ciudadanos dedicados al ingrato oficio de la reflexión teórica y el análisis científico. La historia de los modelos socialistas en la segunda mitad el siglo XX es, en el fondo, una crónica de burocratización, deficiente asignación de recursos, corrupción en gran escala y absoluto desprecio de los derechos humanos.
Considerando la dimensión del largo plazo los mejores gobiernos han resultado ser aquellos que pertenecen a la tradición liberal-democrática y que admiten en su seno tendencias contrapuestas, porque este modelo pluralista se basa en una visión más sobria y más realista de los seres humanos que todas las concepciones y las prácticas basadas en una antropología positiva del Hombre. Como ya lo percibieron los clásicos del liberalismo en los siglos XVII y XVIII, un ordenamiento social relativamente sólido se fundamenta en una noción pesimista de la humanidad; sus instituciones y normas tienen en cuenta y saben lidiar con el espíritu egoísta de los mortales, sus vicios, ambiciones y discordias perennes. Lo que hace falta ahora son élites políticas liberales de espíritu crítico que estén a la altura de los retos de este siglo.
A la vista de los dilemas mencionados más arriba, lo que se requiere es algo incómodo: un análisis que ponga en cuestionamiento la validez de las metas normativas de la democracia liberal contemporánea y un estudio que ponga en evidencia los límites y las insuficiencias de los modelos democráticos, los aspectos negativos concomitantes de toda modernización, el carácter superfluo de tantos fenómenos vinculados a la globalización y, en primer lugar, la calidad de sus clases dirigentes.
Lo que podríamos llamar la calamidad del presente estriba en que es teóricamente posible construir una sociedad más justa y razonable en base a los logros tecnológicos y organizativos pre-existentes, pero esta posibilidad se ve coartada por factores que se encuentran allende el horizonte teórico-conceptual de las élites políticas y también de las masas populares.
Por otro lado, estas concepciones que alaban generosamente la modernidad globalizada y la democracia representativa parten de presupuestos equivocados con respecto a la construcción de una opinión pública amplia, crítica y esencialmente responsable de su labor; acarician ideas demasiado optimistas en torno al rol supuestamente positivo y progresista que juegan la prensa y sobre todo la televisión. Mientras más crece el ámbito que cubren la prensa, la radio y la televisión, más débil resultan ser su mensaje cultural y su facultad de educación crítica.
La dilatada cobertura de los medios masivos de comunicación ─precisamente su aspecto democrático-popular─ hay que pagarla mediante el incremento de una publicidad irracional y una programación cercana a la estulticia. Si antes los medios estaban destinados a un público pequeño de ciudadanos que razonaba acerca de los asuntos políticos, hoy se dirigen mayoritariamente a una masa de consumidores mediocres y pasivos.
Las consecuencias pueden ser funestas para la conformación de una opinión pública razonable y, por ende, para todo modelo de democracia: los medios sirven para transmitir desde arriba mensajes a las masas por medio de un autoritarismo suave y persuasivo, y no para esclarecer a la población o para brindar legitimidad a proyectos mediante el debate basado en los buenos argumentos.
La mayoría de los autores que propugnan las reformas democratizadoras no llega a aprehender la gravedad de la situación global, especialmente de todo aquello que tiene que ver con la dilapidación de recursos naturales y el incremento de las demandas de la población. Hace falta una ética de la responsabilidad (Hans Jonas) frente a la naturaleza y a nuestros descendientes, y esta no puede ser la tarea de muchos agentes aislados que persiguen sólo su ventaja individual, como ha resultado ser la democracia neoliberal del presente transformada en un mercado de demandas de corto plazo.
Para actuar con responsabilidad social de largo aliento necesitamos una administración pública imbuida de un espíritu crítico y de una comprensión adecuada de problemas complejos, lo que equivale, lamentablemente, a pedir peras al olmo.
Tenemos necesidad de la noción clásica del bien común, para evitar la caída en la anomia y la destrucción: la democracia pluralista y el mercado libre deben funcionar en el marco de valores generalmente admitidos y concebidos para un largo aliento. Tenemos asimismo que recobrar la capacidad de decir no a las dilatadas ineptitudes sociales, aceptadas democráticamente y difundidas por los medios masivos de comunicación.
“Hay que reanudar la crítica de nuestras sociedades satisfechas  y adormecidas”, escribió Octavio Paz, y “despertar las consciencias anestesiadas por la publicidad”. Necesitamos una consciencia pública racional que transcienda el cálculo de estrategias y que se preocupe por objetivos no cuantificables como la convivencia razonable con los otros, la conservación de los ecosistemas a largo plazo, la moralidad social y la estética pública. La vida bien lograda no significa una vida de consumismo material excesivo, sino una de cooperación adecuada con los otros.
Finalmente debemos pensar en revalorizar concepciones que no tienen precisamente que ver con democracia ni con modernización: el retorno a la tradición entendida como herencia crítica, la religiosidad en cuanto dotación de sentido y la revalorización de las meritocracias políticas e intelectuales como factores para diluir la alienante cultura moderna de masas y para refrenar las plutocracias mafiosas

domingo, 13 de novembro de 2011

CARTA DO CANADÁ  Cheques dos emigrantes gregos para o FMI

"Por alguma razão se diz que a pátria da burguesia é a carteira, já que até com as crises dos países mais aumenta património e contas bancárias. Se o Conselho Mundial Helénico conseguir prestar este serviço ao seu país milenar, berço da democracia e da civiização ocidental, será fácil antever a tremenda força com que ficará junto do seu povo e a mudança que se operará na cena política."
A diáspora grega

Fernnanda Leitão *

O ramo canadiano do Conselho Mundial Helénico está a desdobrar-se em intensa actividade para participar da recolha de fundos em todas as comunidades gregas espalhadas pelo mundo, com o objectivo de ser paga a dívida externa do país e, assim, o salvar da sujeição a que parece condenado pelo clube, europeu e dito democrático, a que pertence. Convém adiantar sem perda de tempo que, segundo decisão do Conselho Mundial, os pagamentos serão feitos directamente ao FMI, BCE e UE. Portanto, o dinheiro não passará pelas instâncias oficiais gregas, o que diz de forma eloquente do cepticismo dos seus emigrantes. Entendem, e bem, que a pátria tem de estar acima das engrenagens partidárias. E com esta tomada de posição dão uma bofetada de luva branca nos milionários gregos que, como acontece com milionários doutros países, apenas se preocupam em pôr o seu dinheiro nos paraísos fiscais, sem o menor respeito pelo seu povo.

Por alguma razão se diz que a pátria da burguesia é a carteira, já que até com as crises dos países mais aumenta património e contas bancárias. Se o Conselho Mundial Helénico conseguir prestar este serviço ao seu país milenar, berço da democracia e da civiização ocidental, será fácil antever a tremenda força com que ficará junto do seu povo e a mudança que se operará na cena política.

A comunidade grega no Canadá não é grande, não chega aos 200 mil residentes. Foi começada por um médico, no século XIX, que se estabeleceu na província de Manitoba. Hoje é uma comunidade importante do ponto de vista profissional, financeiro e social, como podemos observar directamente no dia a dia ou lendo atentamente as listas de apoiantes de manifestações culturais, que vão da ópera à gastronomia. Tem as suas igrejas ortodoxas, as suas representações diplomáticas, as suas escolas de língua grega com professores habilitados e apoiados, as suas empresas e bancos. Em Toronto, há uma zona a leste da cidade em que a comunidade grega vive em força no meio de uma impressionante paleta de restaurantes, bares,cafés e outros comércios, que a frequência diária de pessoas de todas as origens, atraídas pela gastronomia e aquele jeito peculiar de estar na vida dos helénicos, tornam intensamente movimentada. Danforth se chama essa zona onde se apinham multidões de todas as raças e credos para verem a parada do Dia Nacional da Grécia e o fim de semana em que os carros ali não passam porque as ruas estão cheias de esplanadas, de barracas de comes e bebes, de artesanato, flores e frutos.

Aprecio vivamente o brio e o orgulho destes gregos expatriados.Devo-lhes um dos dias mais inesquecíveis da minha vida. Há muitos anos, uma das mais prestigiadas salas de espectáculos de Toronto levou à cena a peça teatral ZORBA, tendo como actor principal Anthony Quinn, ele mesmo, ao vivo e a cores, que contracenava, imaginem, com a mesma actriz que no filme interpretava a Bubulina, ao tempo casada com um professor da Universidade de Toronto. A sala vinha abaixo de aplausos. A peça esteve em cena dez dias, com lotações esgotadas e com o átrio, corredores, café e restaurante transformados em espaços gregos por uma comunidade que não deixou os seus créditos por mãos alheias. Lindo de morrer.

Oxalá os emigrantes gregos ganhem esta batalha. Bem o merecem depois das vilanias que sofreram às mãos dos que invadiram a sua terra e lhes levaram um grande acervo de obras de arte que, naturalmente, se esqueceram de devolver e exibem despudoradamente nos seus museus.

quarta-feira, 5 de outubro de 2011

CARTA DO CANADÁ Ser ilegal num país

"O consulado de Portugal em Toronto tratou da burocracia usual em casos destes, mas logo fez saber que não dispunha de verba para prestar qualquer apoio. A Secretaria de Estado das Comunidades também lavou as mãos como Pilatos. Abandonado em vida por ser ilegal, o Tiago viu-se abandonado depois de morrer pelas ditas autoridades da Pátria. Mas não o foi pela sua terra, por Tomar, que se mobilizou em peso para pagar o seu regresso a casa. O Tiago repousa agora em terra portuguesa, na sua cidade, porque o povo mostrou de forma clara que sabe actuar quando é preciso."
Carta de navegação

(em memória do Tiago Lopes Ferreira)

Fernnanda Leitão *

Não sei de nada mais triste do que morrer sozinho longe da Pátria. Não sei de nada mais trágico do que pais perderem um filho. E foi isto que aconteceu em Toronto neste Setembro que vai soalheiro e macio: o Tiago apareceu morto, na casa onde estava instalado. Estava morto há dois dias e ninguém deu pela sua falta. A autópsia revelou um choque diabético, ou mais claramente, insuficiência de insulina. Não teve dinheiro para comprar o medicamento obrigatório na sua condição física. Tinha sido despedido do café onde, durante a noite, trabalhava para um patrão daqueles que têm um cifrão em cada olho, com abundantes provas dadas. Tinha chegado ao Canadá em Abril deste ano de 2011, como turista, a tentar refazer a sua vida, a exemplo de milhares de jovens como ele, a quem Portugal não dá senão desemprego e uma total falta de confiança nos que têm (des)governado a ponto de serem já estrangeiros quem manda em terra lusa. Jovens que têm rumado massivamente em direção ao Canadá, Estados Unidos da América, Japão, Austrália, Nova Zelândia. Jovens com quem o país gastou fortunas para os educar e instruir, agora em vias de enriquecerem os países estrangeiros graças à miopia política que está a desgraçar Portugal e a União Europeia.

O grito de dor soltado pelos pais e irmã, perdidos de sofrimento e de não saberem como lidar com uma situação destas, chegou-me num e-mail mandado por uma grande, dedicada e incansável amiga da família, a Alice Marques. O consulado de Portugal em Toronto tratou da burocracia usual em casos destes, mas logo fez saber que não dispunha de verba para prestar qualquer apoio. A Secretaria de Estado das Comunidades também lavou as mãos como Pilatos.

Abandonado em vida por ser ilegal, o Tiago viu-se abandonado depois de morrer pelas ditas autoridades da Pátria. Mas não o foi pela sua terra, por Tomar, que se mobilizou em peso para pagar o seu regresso a casa. O Tiago repousa agora em terra portuguesa, na sua cidade, porque o povo mostrou de forma clara que sabe actuar quando é preciso. E que é ele quem, em Portugal, tem vergonha na cara.

Os jornalistas e os médicos são em geral tidos por durões e cínicos, habituados que estão a enfrentar os sofrimentos do mundo. Mas é só aparência. Por isso venho honrar a memória do meu compatriota Tiago, que infelizmente não conheci, deixando esta carta de navegar aos jovens tentados a fazer a sua vida no estrangeiro.

Ser ilegal num país é ser extremamente vulnerável. Pode ser denunciado por um qualquer filho da mãe. Pode ser explorado por empresários sem escrúpulos nem coração, dos que não se ensaiam nada para lhe pagar menos do que a lei do país exige. Sujeita-se aos trabalhos mais duros e servis. Não tem direito a assistência médica e medicamentosa. É um clandestino até que apareça uma alma caridosa que lhe faça um contrato de trabalho e assim lhe proporcione requerer o estatuto de imigranre residente. Até chegar aí, sofre muito. E sem se poder queixar. E sem saber se são de facto amigos os parceiros que encontra.

O Canadá é um país bom,generoso, civilizado, mas as suas leis de Imigração são severas e a fiscalização intensa. É de grande rigor com as suas fronteiras, cioso da sua soberania, o que provavelmente causará estranheza a quem cresceu já no espaço Schengen. O Canadá tem um Acordo de Comércio Livre com os Estados Unidos e o México,mas nenhum destes países escancarou as fronteiras. Manda cada um na sua casa. Por isso é melhor que quem quer rumar a este país se dirija à Embaixada do Canadá para saber se estão a receber determinadas profissões. A ser assim, trata de tudo e entra legal no país. Mas se nada disto for possível e o jovem quer entrar como turista e tentar a sua sorte, então tenha a prudência de: saber junto da sua paróquia quais são as igrejas portuguesas da zona para onde vai, porque aí não é denunciado; procurar obter nomes e moradas de pessoas da sua terra que vivam no Canadá; fazer um seguro de saúde antes de embarcar; partir do salutar princípio que parceiros são parceiros,não são ainda amigos, e portanto não entre em confidências; se sofre de alguma doença em especial faça-o saber. E forre-se de paciência, de coragem, procurando incansavelmente quem possa fazer o contrato de trabalho. Boa sorte. Deus o acompanhe.

E agora, Tiago, menino da tua Mãe, dorme em paz na tua terra, na Pátria que alguns transformaram em madrasta.

terça-feira, 14 de junho de 2011

CARTA DA CANADÁ Camões, eis a questão

"O ensino e expansão da língua portuguesa, bem como a difusão da nossa vasta e rica cultura, têm sofrido tratos de polé, não apenas por legislação deficiente, mas sobretudo porque os agentes de ensino e cultura têm vindo a perder qualidade, piorando as coisas quando há diplomatas que sofrem de preparação inadequada e da mediocridade reinante."
Pátria grande e Pátria chica

Tudo quanto representar Portugal no estrangeiro deve ter estatura, dignidade e recato.
Só assim se alcança prestígio além fronteiras

Fernnanda Leitão *

Quem tem estudos e mundo sabe que vários países têm tido o cuidado de abrir centros culturais em vários continentes, com o objectivo de servirem de apoio à rede escolar da sua diáspora e de divulgarem a sua língua e cultura junto de estrangeiros. A Espanha tem o seu Instituto Cervantes, a Alemanha o seu Instituto Goethe, o Reino Unido o seu Instituto Britânico, a Itália o seu Instituto Italiano de Cultura, A França a sua Aliance Française, e por aí fora.

Em geral, esses centros culturais têm instalações próprias e condignas, contando com apreciáveis bibliotecas, espaços para teatro, concertos e palestras, galeria de arte e uma zona de convívio.

São sustentados pelo estado a que pertencem e têm a preocupação de projectar no estrangeiro uma imagem impecável do país. O que se compreende por se tratar de países que têm respeito por si próprios. Quase sempre são frequentados e vsitados por grande número de pessoas para quem os bens da cultura são importantes e, pela ordem natural das coisas, são o ponto de encontro dos que investem no saber e mesmo dos que, embora não propagandeando a chamada diplomacia económica, usam estas portas abertas para o mundo dos negócios de grande envergadura. Na verdade, esses centros tornam-se cosmoplitas e uma referência dos países que representam.

Portugal teve o seu Instituto de Alta Cultura, que levou a muitos países, com elevação, o seu património de conhecimento, mas deixou de o ter depois de 1974. Não seria perfeito e nem sequer acessível a largas camadas, mas a verdade é que não houve interesse em aproveitar a sua estrutura e adaptá-lo aos novos tempos. Optou-se pelo bota-abaixo que é sempre sinal de cegueira voluntária.

O ensino e expansão da língua portuguesa, bem como a difusão da nossa vasta e rica cultura, têm sofrido tratos de polé, não apenas por legislação deficiente, mas sobretudo porque os agentes de ensino e cultura têm vindo a perder qualidade, piorando as coisas quando há diplomatas que sofrem de preparação inadequada e da mediocridade reinante.

Lembro a propósito que um antigo secretário de estado das Comunidades num dos governos PSD, Cesário de seu nome, resolveu, numa das suas vindas ao Canadá, oferecer à sucapa uns livros e uma autorização para abrir uma escola a um clube da sua terra.

O resultado não foi brilhante: para irem aos sanitários ou simplesmente para entrarem e saírem do cubículo a que pomposamente se resolveu chamar sala de aulas, as crianças tinham de atravessar o fumo intenso dos cigarros e a barreira dos palavrões que envolviam os jogadores de cartas.

Aceitar sem uma crítica estas opções bárbaras, é negar a Portugal o estatuto de Pátria grande e obrigá-lo à prática de Pátria chica. Porque tudo quanto representar Portugal no estrangeiro deve ter estatura, dignidade e recato. Só assim se alcança prestígio além fronteiras.

É do conhecimento geral que o Instituto Camões levou um grande corte orçamental e tudo leva a crer que levará mais nos tempos a vir, de modo que dali não poderão vir dinheiros bastantes para sustentar centros de cultura. Pois se já não tem dinheiro para pagar aos seus funcionários, espalhados pelo mundo, a tempo e horas... Não sabemos se os vários centros culturais que abriram em anos passados estão instalados com dignidade ou se, por estreiteza de vistas, estão instalados “à Cesário” e a viverem de dinheiros deste ou daquele interessado em galarim. Se assim for, é melhor fechá-los. Ou até mesmo acabar com o Instituto Camões autónomo e integrá-lo num Ministério da Cultura forte e prestigiado. E deixar em boas mãos o ensino da língua portuguesa, isto é, nas mãos dos professores treinados para o efeito, com provas dadas de competência, honestidade e fidelidade à Pátria grande.

* Jornalista radicada em Toronto
 Ilustração: "Olga" de Paula Rego

quarta-feira, 9 de março de 2011

CARTA DO CANADÁ Só agora se começa...

"Nos bairros onde vivem os portugueses, que são mais de 200 mil na área da Grande Toronto (sendo 600 mil em todo o país), o Mercado da Saudade é um facto. É ali que a gente lusa se vai abastecer de tudo quanto lhe enche a mesa e a alma..."
Vai indo

Muito da diplomacia económica avalia-se nos supermercados

Fernanda Leitão

País enorme, o segundo maior depois da China, onde vivem milhões de pessoas oriundas de 160 países, o Canadá é uma terra de intenso e próspero comércio. Que, como se calcula, tem de ser criativo e de qualidade, servido por profissionais simpáticos, porque a concorrência é feroz. Fazer compras é, para o canadiano, um desporto agradável.

Vou hoje dizer-vos do chamado comércio étnico, aquele que é praticado pelas várias comunidades imigrantes, sobretudo na área da restauração e da indústria alimentar. Os imigrantes têm tendência a viverem perto uns dos outros e assim se foram criando na cidade bairros de portugueses, sul americanos, italianos, gregos, chineses, indianos, de gente do leste europeu e dos balcãs, do Médio Oriente, de filipinos e por ai fora. Bairros com as suas lojas, mercados, restaurantes, cafés, padarias, cinemas e escolas, igrejas e templos. Em todos eles moram, por gosto ou porque têm ali perto o seu trabalho, pessoas doutras origens. Assim sendo, uma pessoa pode, em cada dia que passa, provar a cozinha dos mais variados países. E, às vezes, que cozinha! Este é um dos encantos de Toronto que todos os anos, no verão, atrai à cidade milhões de turistas dos Estados Unidos que vêm assistir ao esplêndido cortejo das Caraíbas e à garantida rebalderia da Parada Gay. O que faz as delícias do município e do comércio, porque o dinheiro corre em regato caudaloso.

Nos bairros onde vivem os portugueses, que são mais de 200 mil na área da Grande Toronto (sendo 600 mil em todo o país), o Mercado da Saudade é um facto. É ali que a gente lusa se vai abastecer de tudo quanto lhe enche a mesa e a alma: desde o azeite até ao arroz carolino, passando pelas carnes fumadas e o peixe, a doçaria e a couve portuguesa para o bacalhau do Natal, e até, na entrada do verão, os manjericos. Há de tudo e com fartura. É um negócio próspero. Os vinhos, esses só os podem comprar nas lojas do estado, em determinado horário, porque anda vigora a Lei Seca do tempo do Al Capone. E há, por vezes, mistérios. Um deles foi o Cerelac nunca mais ter aparecido e nós não sabermos porquê.

Pôr produtos portugueses à venda nas grandes superfícies canadianas, isso é que tem sido mais complicado. Os italianos e os gregos vendem grandes carregamentos de azeite, queijos e castanhas, enquanto nós não o fazemos. O mesmo se passa com grandes marcas de vinhos portugueses.

Enorme foi a minha surpresa, comovida surpresa, quando há anos encontrei, num supercado canadiano, a pera rocha. Passei uma semana regalada a matar saudades dessas peras, mas depois nunca mais as vi. Até já me lembrei de pedir à minha (virtual) amiga Sandra Geada, que no Oeste trabalha na expansão desse fruto, que arranje maneira de umas toneladas virem para Toronto anualmente. Calhando, é preciso meter cunha, à portuguesa. Recentemente, num dos maiores supermercados canadianos, passaram a ser vendidos a água do Luso, a água das Pedras, os papo-secos e o pão de milho. É pouco, mas é um começo.

Não sei se este meio abandono se deve apenas ao facto de Portugal estar completamente focado na União Europeia, se as razões serão outras. Enfim, a venda de produtos portugueses por estas paragens vai indo.

Devagar, mas vai indo.

domingo, 6 de fevereiro de 2011

CARTA DO CANADÁ Se houver quem responda

"Os emigrantes são cerca de cinco muilhões em todo o mundo, a maior parte saiu do país por graves condicionalismos sociais. Têm direito a usar a sua voz publicamente. Ou Portugal não é uma democracia?"
Porquê, RTP, porquê?

Uma das coisas que mais nos maça é a falta de respeito

Fernanda Leitão

A situação é esta: nós, os emigrants, gostamos da RTP na sua vertente internacional, embora achemos um despautério o exagerado espaço que dá à pequena política, isto é, às opiniões, em geral disparatadas, de uns senhoritos partidários que mais não querem do que o poder e com provas dadas de que não valem nada. Ou a verdadeira entronização de uns sujeitos que se dizem humoristas e não passam de choldra. Mas, tirando isto, queremos bem aos programas que nos dizem como de facto está a nossa terra, os que nos trazem novas culturais, os que nos ensinam e divertem.

Mas começamos a ficar de pé atrás. Daí à completa desconfiança, vai um passo.

Uma das coisas que mais nos maça é a falta de respeito com que a RTP falha horários e programas que exigem continuidade. De repente, sem explicações, desapareceram as séries LIBERDADE 21, PAI À FORÇA e CONTA-ME COMO FOI. De repente também, sem dizerem água vai, passam algumas destas séries a destempo, sem terem a delicadeza de exibir ao menos um resumo do passado para que possamos encontrar o fio da meada. O mesmo se passa com os horários que deviam estar na internet e muitas vezes estão ausentes dias seguidos, o que leva logo os emigrantes a dizer que “lá em baixo lidam mal com os computadores”, convicção que lhes vem das grandes secas passadas em repartições públicas, quando se deslocam a Portugal.

E agora, confirma-se que a RTP acaba com o programa CONTACTO, feito em todas as comunidades espalhadas pelo mundo, já em Abril próximo. É uma muito má decisão acabar com aquilo que é feito pelas comunidades, provavelmente para impingir uma imitação feita por equipas vindas de Portugal que não sabem de todo como é a imigração e, quase sempre, se deixam manipular por grupos de interesses locais, ávidos de promoção e palco mas sem representarem serviço às comunidades. É verdade que há programas CONTACTO que precisam de melhorar a sua qualidade mas que, apesar disso, dão o retrato da comunidade emigrante que servem. Cabe perguntar porque é que as equipas locais do CONTACTO não merecem formação e reciclagem, se para vir cá fora pedir votos e dinheiro é a prática correntia dessa gente da coisa pública.

É importante este programa dar o retrato fiel da comunidade? É muito importante, se partirmos do princípio que só se ama aquilo que se conhece. Porquê a população residente em Portugal não há-de conhecer os que vivem longe para os entender melhor? Dir-me-ão, como já ouvi, que o programa PORTUGUESES NO MUNDO é quanto basta. Não basta, embora o programa seja interessante e bem feito, porque ali se contam apenas as vidas de alguns portugueses, em geral com bom grau académico, que por aventura e gosto foram viver para o estrangeiro. Os emigrantes são cerca de cinco muilhões em todo o mundo, a maior parte saiu do país por graves condicionalismos sociais. Têm direito a usar a sua voz publicamente. Ou Portugal não é uma democracia?

Porquê esta tentação colonialista, RTP? Noutros tempos é que Portugal impunha tudo às colónias: desde o vinho e o azeite, até aos livros escolares. Sei do que falo, porque sou do chamado Ultramar. Sou ”ultramada” como milhares doutros: aprendemos botânica e zoologia em livros que nos falavam de vegetais, frutos e animais que não havia na nossa terra. Tivemos de decorar todos os rios, afluentes e estações de caminho de ferro. Foi uma estupidez que deu no que deu. É isso que se quer de novo? Achará a RTP que os emigrantes são portugueses de segunda como o salazarismo achava dos brancos nascidos em África? Será por isso que não nos liga importância, considerando-nos o “Resto do Mundo” como o PSD nos baptizou há uns largos anos?

Na blogosfera circulam prosas iracundas contra os altos salários auferidos por vários membros da RTP. Eu não me impressiono com altos salários desde que os beneficiados correspondam com excelente trabalho e assinalável produtividade. A bom entendedor... E também sei que a blogosfera é o vazadouro de quanto há de bom e mau. Mas é minha convicção que a RTP tem de ser prudente, sensata e inteligente nas decisões a tomar.

quarta-feira, 18 de abril de 2007

Assinar de cruz? Complicação para António Braga...

Pergunta Fernanda Leitão: Quando é que António Braga mentiu, em Toronto ou em Lisboa? Com que critério avaliou os nomes e a situação anticonstitucional que lhe era apresentada? Que competência científica e provas dadas têm esses dois amigos da Directora Regional das Comunidades? Algum deles tem investigação feita sobre o fenómeno do ensino de português? Ou algum projecto para o ensino da língua? Ou, pelo contrário, vão apenas ocupar um “tacho” e servir prazenteiramente as vontades e caprichos da governante sua amiga? Onde é que fica o Governo da República no meio disto tudo?


CARTA DO CANADÁ
Fernanda Leitão

AS CAUSAS DO ATRASO

Nos últimos meses, com visível preocupação, e até alguma ansiedade, o Presidente da República, o Primeiro Ministro, alguns membros do governo, empresários de velho pedigree, intelectuais dignos desse nome, o herdeiro do Trono Português, académicos de imaculado curriculum, escritores que ficarão e pessoas de garantido bom senso, vêm reiteradamente afirmando que é alarmante o abandono escolar, a falta de habilitações, a ausência de qualificação profissional de uma grande parte do povo português. Têm razão, porque se trata de um facto incontornável e porque, sendo o mais pobre do clube de países ricos a que pertence, embora possa parecer rico quando comparado com povos vivendo as agruras da miséria, Portugal tem pela frente desafios de tal modo sérios, daqueles que exigem a um tempo elevada competência e absoluta honestidade, para poder contar com uma mobilização nacional, que, se falhar, compromete o futuro da Nação para umas largas dezenas de anos. Toda uma geração jovem ficaria esmagada e traída.

É tudo isto tão grave e urgente, que causa escândalo verificar como, em alguns sectores da vida nacional, o empenhamento dos que lutam está a ser sabotado, na prática, por uma camada política que parece saída da famigerada “geração rasca”. Ora este facto tem de ser denunciado, infatigavelmente, “até que a voz nos doa”, porque a ignorância traz a dependência e esta arrasta consigo a corrupção, o crime em geral e o subdesenvolviento crónico. Se cada um de nós não erguer a voz em relação ao que se está a passar, Portugal ficará reduzido a um sítio de malteses.

Teve lugar há dias, em Montréal, o habitual Encontro de Professores de Português do Canadá e Estados Unidos da América. O Instituto Camões e a Escola Superior de Educação fizeram-se representar por uns teóricos que, por não fazerem a menor ideia do que se passa na emigração, ficaram sem resposta para dar às perguntas concretas dos professores. Nenhum deles tinha feito o trabalho de casa.

Acresce que, como é rotineiro, os membros da Associação de Professores reuniu, em privado, para eleger os novos corpos gerentes, tendo-se verificado uma rasteirice protagonizada por um rapaz de New York que trabalha em part ime numa revista e é professor de português em part time, sem ser formado na nossa língua: rapou de um papel e propôs a presidência da direcção para um compincha da Califórnia e a vice-presidência para si próprio, logo contando com uma combinada falange de apoio vinda dos Estados Unidos, e a coisa foi votada assim, sem o debate generalizado que se queria.

Passado o efeito de choque, alguns dos presentes, bem informados, começaram a contar em voz baixa que, há cerca de um mês atrás, uma representante do Governo Regional dos Açores, no caso a Directora Regional das Comunidades, foi ao Ministério dos Negócios Estrangeiros propor a nomeação de dois coordenadores do ensino de Português para os Estados Unidos: um para a costa oeste, Dinis Borges, justamente o compincha da Califórnia, amigo muito chegado da governante que, diga-se já, é uma senhora muito simpática e muito dada, e é membro do Conselho das Comunidades, escondendo mal a ambição que o consome. Para a costa leste, apontou o nome de António Oliveira, o castiço vice-presidente, que na revista não tem feito mais do que promover o seu compincha da Califórnia. É uma espécie de apoderado.Também o da costa oeste dá aulas de português, provavelmente no intervalo das viagens e das galopinagens políticas, mas não tem formação específica da nossa língua, licenciatura, mestrado ou doutoramento, que o recomendem para uma coordenação. Terá apenas a seu favor o português aprendido num seminário açoriano nos seus verdes anos.

Escusado é dizer que estes desabafos se propagaram como fogo na palha, até porque estavam presentes professores de várias províncias do Canadá que, depois de terem “lavado” a cara a alguns colegas dos States, foram portadores destas novas para o exterior. É bom que se diga que tudo a Directora Regional das Comunidades Açorianas participou do Encontro de Professores.

Esperava-se que o secretário de estado das Comunidades fizesse notar à enviada do Governo Regional duas coisas evidentes e básicas: a Educação é pelouro nacional e não regional, e ele mesmo, quando há pouco tempo esteve no Canadá, garantiu que todos os admitidos, para ensinar ou coordenar, teriam de fazer concurso, aberto a todos os interessados no país e fora dele.

Mas não respondeu isso.

Ficou de pensar no assunto e, entretanto, sabe-se nos bastidores que o governo de Sócrates, neste caso (mal) representado pelo secretário de Estado das Comunidades, se prepara para assinar de cruz as nomeações. Se isto não é uma solapada sabotagem ao esforço de vários para a educação real, efectiva, e não de faz de conta, dos portugueses no interior do país e nas comunidades emigrantes, então todas as palavras já perderam o seu peso e valor. Tanto mais, o que é grave, ter exigido concurso para Espanha, por exemplo.

Quando é que António Braga mentiu, em Toronto ou em Lisboa? Com que critério avaliou os nomes e a situação anticonstitucional que lhe era apresentada? Que competência científica e provas dadas têm esses dois amigos da Directora Regional das Comunidades? Algum deles tem investigação feita sobre o fenómeno do ensino de português? Ou algum projecto para o ensino da língua? Ou, pelo contrário, vão apenas ocupar um “tacho” e servir prazenteiramente as vontades e caprichos da governante sua amiga? Onde é que fica o Governo da República no meio disto tudo? Se os lugares agora são distribuídos por meia dúzia de pseudo-defensores da língua, em troca do “tacho”, de uns livros (mauzinhos) publicados pela Direcção Regional das Comunidades Açorianas, umas viagens pagas com mordomias várias, como é que vão explicar isto aos emigrantes portugueses residentes no Norte da América? Que governo é esse, que já passou pela secretaria de estado duas vezes, depois de o PSD ter andado por cá a fazer asneiras mais de 20 anos, que não sabe que há nestas comunidades pessoas muito mais qualificadas?

É assim que o Governo Regional dos Açores esbanja o dinheiro público, o dinheiro que por direito pertence ao povo? Há quantos anos anda esta senhora a esbanjar dinheiro do povo nestas folestrias sem outro sentido que não seja a sua promoção e a dos seus mais próximos amigos? A tal ponto que se diz em Toronto que a Pátria tem dois grandes Vascos: o da Gama, que descobriu o caminho marítimo para a India, e um videirinho que anda por aí desde os tempos de servidão ao Partido Comunista, cujo descobriu o caminho directo para os dinheiros públicos açorianos... Tem sido uma corte comprada a peso, e bem pesada fica a quem paga impostos em Portugal, que quando esses governantes caírem, logo pula para outro galho jurando nunca ter gostado dos anteriores.

Como se, nos Açores, não houvesse exclusão social, bolsas de pobreza, necessidades de toda a ordem.

E depois vêm com a léria do costume, são bocas maldosas dos “cubanos”, que é como eles chamam aos continentais... Nós não somos parvos nem cegos. E por não sermos, queremos saber se os poderes constituídos pensam modernizar o país, tirar o país do impasse em que está, com gentinha desta metida na política.