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quinta-feira, 2 de fevereiro de 2017

COM A DEVIDA VÉNIA Há verdades que também podem ser globais

in diario El Universal (1 de fevereiro 2017)
"La manipulación y preconstrucción sobre la imagen del pretendiente a líder suele tener un efecto desastroso, en especial si llega a comandar, por sus dislates desde el poder o por sus necedades habituales traducidas en fracaso que los ciudadanos van percibiendo con lentitud exasperante."
Platón, el inconforme

La gente disfruta con el barniz, con la superficie, con la frase altisonante, olvidando todo el meollo del grave asunto que afecta al cuerpo social

Teódulo López Meléndez *

Platón, el inconforme En el “Político” Platón deja claro que para andar en este mundo de la política se requiere un tipo especializado de conocimiento. No puede hacerse desde la ignorancia la pretensión de gobernar. Nadie está listo para el liderazgo si no posee los instrumentos sapientes para buscar el bien de sus ciudadanos.

Este conocimiento o gnosis es el que ha sido obviado. En el seno de esta mediocridad o se pretende construir un proyecto ideológico obtuso o se aborda la alternativa desde la más profunda carencia. “Sofistas”, exclama Platón, ignorantes diríamos en términos de este pecaminoso mundo donde el saber es mirado con desconfianza y rechazo. Este es el mundo de la apariencia, llamado marketing en el lenguaje actual, uno desde las promociones donde el farsante se simula a sí mismo, se disfraza de lo que no es, recurre a los estribillos que los asesores consideran llegarán a la superficie de los cándidos oyentes que los reproducirán masivamente en las redes sociales.

La manipulación y preconstrucción sobre la imagen del pretendiente a líder suele tener un efecto desastroso, en especial si llega a comandar, por sus dislates desde el poder o por sus necedades habituales traducidas en fracaso que los ciudadanos van percibiendo con lentitud exasperante. Del lado de los pasivos oyentes, es baja la noción y, sobre todo, nula la percepción necesaria sobre los eventos mundiales que le marcan su propio tiempo sin que lo perciban. Esas limitaciones de conocimiento, lo que incluye una memoria pírrica sobre la propia historia, corroboran y confirman la caída de la política como instrumento esencial y nos están poniendo frente a una peligrosa crisis de la democracia.

Suele llamarse manipulación, en especial si consideramos la tendencia a eternizarse, a permanecer en cuotas altas, medias o bajas de poder. Por lo demás la cobertura que se hace tiende a lo ahistórico y al escándalo puntual, con olvido de la esencia del conflicto planteado. Lo era cuando la preeminencia de los mass media y lo es ahora desde la virtualidad de la información. La gente disfruta con el barniz, con la superficie, con la frase altisonante, olvidando todo el meollo del grave asunto que afecta al cuerpo social. Podemos hablar de una sociedad acivil.

* Escritor e diplomata venezuelano

quinta-feira, 23 de junho de 2011

COM A DEVIDA VÉNIA O Velho Continente visto da Venezuela

"Europa debe hacerse reinvención de la democracia en sustitución de esta casta impermeable que parece rodearla y que la hace caer en la desesperación impotente y en la corrupción. La democracia actual es la del siglo XX sin que Europa se de cuenta de lo que si se han dado unos pocos: la necesaria intervención de las comunidades en las instituciones supranacionales."
La enfermedad de Europa

No parece existir una política anti-crisis de ninguno de los dos lados que conlleve a los objetivos comunes y a la reaparición de una verdadera solidaridad

Teódulo López Meléndez *

No han sabido las élites construir una verdadera Europa sino una especie de patchwork institucional basado sobre equilibrios que en nada contribuye a la mejoría real de la vida. Hay, pues, una crisis de confianza. Y la vertiente económica que afecta al empleo y las prestaciones sociales.

En pocas palabras, Europa se convirtió en el segundo escenario de la crisis financiera global. The Times sentenció: “El sistema bancario es insolvente, el desempleo se acelera, los ingresos por impuestos caen, los mercados están en un estado de choque, la construcción se derrumba, los déficits aumentan vertiginosamente y la confianza de los consumidores sufre una masiva contracción en todo el sistema que podría salirse de control”.

La derecha aparece impotente y achantada generando extremismos que por momentos hacen recordar los grandes males del siglo XX. La izquierda ha perdido la brújula y se mueve enloquecida y sin ideas, nutriéndose del pasado o dando muestras de su incapacidad de sustituirlo.

La izquierda no logra refundarse sobre nuevo pensamiento, se manifiesta impotente para ofrecer respuestas. La derecha, ante su confusión encerrada en el traje del nacionalismo, sólo encuentra acción en planes de seguridad y de reactivación económica. No parece existir una política anti-crisis de ninguno de los dos lados que conlleve a los objetivos comunes y a la reaparición de una verdadera solidaridad.

Pero es la crisis moral la más grave. Algunos la denominan de moral civilizadora. La historia parece ha dejado de ser competencia por el poder o competencia por la riqueza. Europa era el centro de la cultura mundial y ya no lo es. Quedó de manifiesto al final de la Guerra Fría. Una crisis de cultura necesariamente lleva a una crisis política. El siglo XXI se está convirtiendo para Europa en el siglo de la nada. El nihilismo que he puesto de relieve en otros textos conlleva a un profundo cansancio y a un relativismo moral.

Hay un malestar intelectual que hace a los europeos incapaces de definir el resultado de la presente transición. El proceso de pensamiento parece paralizado en un proceso cultural de choque psicológico. El desgaste político se acentúa como normal consecuencia. La relación del individuo con la sociedad ha alcanzado altos grados de empobrecimiento.

Europa puede estallar como proyecto político o recomponerse. Como he insistido el problema radica claramente en la política. La pretensión que asoman algunos líderes de estatismo como solución contradice claramente el deslizarse del Estado-nación lo que implica la necesidad de un avance hacia el fortalecimiento de un poder público comunitario. Europa debe hacerse reinvención de la democracia en sustitución de esta casta impermeable que parece rodearla y que la hace caer en la desesperación impotente y en la corrupción. La democracia actual es la del siglo XX sin que Europa se de cuenta de lo que si se han dado unos pocos: la necesaria intervención de las comunidades en las instituciones supranacionales.

Si bien la situación económica provoca ansiedad e interrogaciones sobre el futuro es el marco general donde debemos buscar la irritación, la desesperación juvenil y la frustración. Cada ser humano vive su propia crisis subjetiva y la desadaptación se convierte en miedo y posteriormente en reacción.

Crisis económica, crisis cultural, crisis psicológica, crisis social, hasta quizás ser crisis humana. Aparte de lo puntual como consecuencia del quiebre económico, esto es, reducción de beneficios sociales y despido de empleados públicos – lo que refleja una reducción del Estado en medio de la paradoja de renacimiento del estatismo- la otra causa son las migraciones y la xenofobia. Y la otra cara de Jano: pretendieron construir a Europa sin la participación activa de sus ciudadanos. Y lo dijeron explícitamente al eliminar del Tratado de Lisboa la referencia a democracia participativa para quedarse en un concepto desmoronado de democracia representativa. Las quejas por las derrotas de una Constitución quizás deban ser reemplazadas con una autocrítica por el empujón de rechazo dado a los ciudadanos europeos.

Esta es la Europa de la crisis con la consecuencial pérdida de confianza en una clase política burocratizada con claras manifestaciones de ineptitud.

* Escritor, político e diplomata venezuelano

terça-feira, 25 de novembro de 2008

Venezuela. Habrá que ver cual es ahora el principal partido de la oposición

"La oposición ha pagado caro su ceguera frente a la llamada disidencia del gobierno. El caso emblemático es el del estado Barinas, feudo familiar Chávez, que perdió el disidente Julio César Reyes porque la oposición formal no entendió el valor simbólico que allí se acumulaba. Hay un sector extremista en la oposición que no quiere saber nada de los disidentes del oficialismo, estigmatizándolos con epítetos grotescos, sin entender que sin la disidencia no se puede constituir una nueva mayoría."


La inconclusión venezolana:
primer análisis

Teódulo López Meléndez *
teodulolopezm@yahoo.com

De inconclusión hablé antes de las elecciones regionales y de inconclusión se trata. En términos de proceso histórico no ha sucedido nada, pero sí en término de coyunturas. La oposición ha mejorado sus bases de batalla. La victoria en la gran Caracas y en Miranda, incluido el emblemático Municipio Sucre (una de las más grandes barriadas pobres de América Latina) son un golpe fuerte para el gobierno de Hugo Chávez. A ello, claro está, hay que sumarle el mantenimiento del control en dos estados o provincias, entre las cuales el petrolero Zulia, y el anexo del estado de Carabobo –centro industrial de Venezuela- y del estado Táchira, fronterizo con Colombia. Tal como estaba previsto la oposición se asienta en nuevas conquistas y gobernará al 45 por ciento de la población de Venezuela. Un resultado nada despreciable, pero un resultado que marca el inicio de una nueva etapa de graves confrontaciones.

La población urbana rechaza al gobierno de Chávez. La llamada “revolución” se convierte en una “revolución rural”. Las principales ciudades del país, en su gran mayoría, pasan a control de la oposición. Esto es, los sectores más comunicados –y uso la expresión para diferenciarla de la expresión sectores más informados- no están con el autodenominado “proceso”. Este cambio es sustantivo y merecerá análisis en profundidad.

La oposición ha pagado caro su ceguera frente a la llamada disidencia del gobierno. El caso emblemático es el del estado Barinas, feudo familiar Chávez, que perdió el disidente Julio César Reyes porque la oposición formal no entendió el valor simbólico que allí se acumulaba. Hay un sector extremista en la oposición que no quiere saber nada de los disidentes del oficialismo, estigmatizándolos con epítetos grotescos, sin entender que sin la disidencia no se puede constituir una nueva mayoría.

La mayor ceguera la mostró la oposición en el caso del estado de Bolívar, donde el obrero metalúrgico Andrés Velásquez perdió porque la oposición no entendió que era él el candidato. Velásquez, quien en el pasado estuvo a punto de ganar la presidencia de la República, ha podido alzarse con la victoria si algunos partidos de la oposición no se hubiesen auto engañado con encuestas evidentemente falsificadas.

Una victoria que merece un párrafo es la de Antonio Ledezma para la Alcaldía Mayor de Caracas. Fue, sin lugar a dudas, el mejor candidato de entre ambos sectores, por su seriedad, constancia y anuncios programáticos. Seguramente sea Ledezma el mejor ejemplo de una elección consciente. Un luchador no populista ni demagogo que gana por su mensaje debe ser mencionado como un ejemplo de madurez ciudadana. Ledezma la verá fea: previendo una victoria de la oposición esa insigne posición de gobierno de la capital de la República fue despojada de la Policía Metropolitana y de los hospitales. Allí campea la ruina, con pasivos laborales, desorden y corrupción. Los problemas que el flamante Alcalde Mayor deberá enfrentar son de tal magnitud que en este momento sólo vemos como signo de auspicio, amén de la capacidad de liderazgo del electo, el hecho de que de los cinco alcaldes de la gran Caracas cuatro le acompañarán en el intento por hacer una gran gestión.

Hay que reconocer a Carlos Ocariz como un insigne luchador. Ganó Petare (Municipio Sucre) una zona de extremada violencia donde los partidarios del gobierno disparaban al aire en la madrugada en que se anunció la victoria oposicionista. Es un joven ingeniero con una increíble vocación de servicio. Será un excelente alcalde. Y la victoria de Henrique Capriles en el populoso estado de Miranda, que es como decir el vecindario de Caracas. Así mismo un reconocimiento para César Pérez Vivas, quien después de ser echado de la Secretaría General de su partido socialcristiano obtiene una celebrada victoria en los Andes (Táchira) dejando con un pulmón al hoy denominado “Partido Popular”.

La reacción del gobierno ante los resultados ha sido de mesura, pero sabemos bien que la mesura le dura horas y vuelve a la agresión, al insulto y a la ignominia. Veremos cual es la actitud oficialista frente a los espacios conquistados por la oposición. Recursos y colaboración están en entredicho. No podemos olvidar el abuso de los medios de comunicación oficialistas, las amenazas de Chávez de sacar tanques y soldados y de meter preso a dirigentes oposicionistas, así como de negarles el agua y el pan a las regiones donde perdiese. Se hizo uso indiscriminando del dinero del erario público y de un lenguaje que, dije en mi anterior artículo, no se había visto ni en las peores dictaduras africanas. Todo el peso del Estado estuvo volcado a hacer ganar a los candidatos del PSUV. La tarea es muy difícil, no sólo desde este punto de vista, sino desde el de concretar una acción de gobierno eficaz que ataque los problemas emblemáticos que sufren los venezolanos. Hay que demostrar que existe una manera eficiente de gobernar. Diría que debe demostrarse tal compenetración con la gente que uno pudiera considerar que se ha iniciado la posibilidad de decir que comienza a construirse un proyecto de país que enfrentar al de Chávez. Esto último es un desafío ingente que impide que los vencedores se vayan a celebrar con güisqui y con el plato tradicional navideño venezolano, las hallacas.

Tres líderes fundamentales del oficialismo fueron derrotados. Diosdado Cabello, Jesse Chacón y Aristóbulo Istúriz. Veremos que hace Chávez con ellos, si los vuelve a llevar al gabinete o los deja de lado. Son caras gastadas y ya dieron al “supremo comandante” la oportunidad de olvidarlos. El oficialista PSUV recuperó – según los primeros números que pueden variar- al menos un tercio de los tres millones de electores que se le esfumaron el pasado 2 de diciembre de 2007 en el referéndum constitucional. Sigue siendo el primer partido nacional. Sin embargo, la cifra oficialista está muy lejos de las palabras pronunciadas previamente a las elecciones por el general Müller Rojas (aquí abundan los generales, los coroneles y todo tipo de militares), vicepresidente del partido de gobierno, quien aseguró que para ellos una victoria con menos de algo más de siete millones de votos sería una derrota. Pues bien, de esa cifra estuvieron muy, pero muy lejos. Por lo demás, habrá que ver cual es ahora el principal partido de la oposición.

El PSUV y su voz única Chávez afinarán ahora la estrategia para tratar de conseguir el único anhelo que los mueve: convertir al teniente coronel en presidente ad eternum. Esa es la gran batalla que los demócratas tenemos delante. Todo está inconcluso en este proceso histórico, la coyuntura simplemente ha sido urbanamente bienaventurada.
* Escritor e diplomata venezuelano

domingo, 16 de novembro de 2008

Venezuela. Porque nos diz respeito

"Este proceso electoral no concluye nada. Este proceso electoral es una estación en el camino. Ciertamente contribuirá a desmejorar al régimen en el control absoluto de los poderes locales y marca un hito en el desgaste sostenido del régimen, pero no es más que colocarse en un escalón superior para enfrentar la arremetida. Este hombre, cuyo único propósito y razón de ser, es mantenerse eternamente en el poder e impedir la entrada del siglo XXI como Juan Vicente Gómez impidió la del siglo XX durante 36 años, deberá seguir siendo combatido con inteligencia y diseños muy precisos."


Elecciones en Venezuela:

el inicio de la inconclusión


Teódulo López Meléndez *
teodulolopezm@yahoo.com

I

He advertido sobre lo que comporta votar en dictadura. Basta mirar y oír para percibir con exactitud lo que esto significa. Cuando se producen los resultados se producen las reacciones del gobierno, variadas y aceleradas, como las del dictador Marcos Pérez Jiménez después de las elecciones para Asamblea Constituyente en 1952. He por ello observado que las líneas estratégicas deben estar previamente definidas. Toda posibilidad debe ser analizada y toda respuesta prevista. No sé si he sido escuchado.

Esta es una elección especialmente difícil y me refiero ahora a los resultados. Una conclusión previa incuestionable es que la disidencia al gobierno avanzará de manera notable. De allí en adelante es cuesta arriba hacer pronósticos. Hay variados elementos en juego, esto es, no podemos olvidar que estamos ante una elección regional y local donde afortunadamente –aunque de manera tardía- han aparecido en algunos lados las ofertas programáticas correctas, lo que puede inclinar a muchos electores. Por el otro lado, querámoslo o no, Chávez ha bajado a ser candidato múltiple incurriendo, por lo demás, en un abuso descarado sin antecedentes en buena parte del mundo y a un lenguaje amenazador que no encuentra antecedentes ni en las peores dictaduras africanas.

No se trata de caer o no caer en ese juego, el juego cayó, así de simple, de manera que el señor Chávez debe saber que cada voto que no se emita por su PSUV es un voto de repudio a él en persona. Es él quien ha plebiscitado una elección regional y frente a eso se ha seguido la táctica correcta, es decir, contestar con las necesidades de la gente (seguridad, vivienda, basura, etc.), pero, aún así, el juego cayó y el señor Chávez deberá atenerse a las consecuencias de sus procederes.

Parece innecesario ahora combatir la abstención. No encuentro a nadie que la proclame, como en los días del referéndum constitucional donde este columnista libró, junto a miles, la dura batalla por llevar la gente a votar. Hay una intención firme de cobrar en las urnas electorales la afrenta y de precisar una respuesta contundente frente a este ejercicio impúdico del poder. Habrá que hacer sacrificios extras frente a un proceso que desde ya se ve lento. Terminará tarde esta votación y aún más tarde veremos resultados. Para ello hay que estar preparado con la tranquilidad propia del hombre alerta y con la conciencia adecuada de quien sabe lo que hay que hacer si se producen patadas sobre la mesa.

II

Este proceso electoral no concluye nada. Este proceso electoral es una estación en el camino. Ciertamente contribuirá a desmejorar al régimen en el control absoluto de los poderes locales y marca un hito en el desgaste sostenido del régimen, pero no es más que colocarse en un escalón superior para enfrentar la arremetida. Este hombre, cuyo único propósito y razón de ser, es mantenerse eternamente en el poder e impedir la entrada del siglo XXI como Juan Vicente Gómez impidió la del siglo XX durante 36 años, deberá seguir siendo combatido con inteligencia y diseños muy precisos. Los bastiones que se conquisten deberán ser eficientes en cuanto a lo administrativo y a la eficacia, pero más allá deberán ser manejados con criterios muy diferentes como han sido manejados los que hasta ahora estuvieron en manos de la oposición. Se mantendrán Zulia y Margarita, pero en estos años desde allí no salió planteamiento alguno de respuesta a los desafueros del poder. Zulia y Margarita se multiplicarán por más, pero debe establecerse un clima que impida la pregunta de porqué el control en esos sitios no sirvió de nada para enfrentar el totalitarismo.

III

Si el mérito atribuible a Juan Vicente Gómez es del haber extirpado los alzamientos caudillistas, el mérito atribuible a Chávez fue poner una agenda social sobre la mesa, una que desperdigó, falsificó y desvirtuó, pero que puso. He repetido hasta la saciedad que aquí debemos partir del presente y no del pasado. Con detergente y esponja deberemos limpiar unos cuantos principios correctos que fueron enlodados. Esto deberán comenzar por entender los gobernantes locales nuevos –y los no tan nuevos y los viejos persistentes- que surjan de esta escaramuza electoral para la que nos preparamos. Hay que mirar hacia delante, no hacia atrás. Es el desafío de construir lo nuevo lo que debe presidirnos, no el de restaurar lo que atrás quedó. El ejercicio del poder local debe ser enseñamiento de nuevas maneras y anuncio del futuro. Hay que construir una democracia del siglo XXI, respetando de aquella del siglo XX –ya ida con la era industrial y con la modernidad- sus principios básicos como separación e independencia de poderes y vigencia plena del Estado de Derecho, sólo para mencionar dos, pero bajo la conciencia de la innovación desatada, de la imaginación floreciente que corresponde a la era postindustrial y a este desafío indefinido que se llama posmodernidad.

No es este el momento para teorizar sobre esta democracia del siglo XXI, trabajo que cumplo a diario, pues estamos en una disyuntiva llena de peligros. Es sólo una consideración y una advertencia que exige prácticas democráticas distintas a quienes salgan electos y quieran hacer el porvenir. En el 2009 tendremos –si así se nos permite- otra elección crucial sobre la cual habrá que alertar a la gente con debido tiempo, pues Concejos Municipales y Juntas Comunales deberán merecer nuestra atención en grado sumo, dado que se trata del poder abajo, el más inmediato con la gente a la que hay que sacar del marasmo para señalarle un camino.

Si bien las lecciones en el camino a este proceso electoral se han quedado cortas, las que se den desde los puestos de gobierno conquistados no podrán serlo. Si se fracasa no habrá alternativa, como hasta ahora no la ha habido. Si del ejercicio de los resultados no se muestra otra actitud y otra manera, seguiremos en el mismo hueco de la inexistencia de una propuesta de país que enfrentar al totalitarismo. Eso sería lo peor que pudiese suceder.

IV

Los venezolanos votaremos el 23 de noviembre. Yo lo haré en el municipio Sucre del estado Miranda y por supuesto que lo haré por Carlos Ocaríz para alcalde, por Henrique Capriles para gobernador y por Antonio Ledesma para Alcalde Mayor, como por los candidatos correspondientes al Consejo Legislativo y a los cargos de concejales mayores. Sin embargo, lo que sé es con que tarjetas lo haré. Mis compatriotas deben aprender que tienen otra arma y es la escogencia cuidadosa de la tarjeta con que votan. Aquí hay más de uno que merece un castigo, como hay otros que merecen un premio. De manera que insto a los electores a votar, pero con el cuidado de saber hacerlo con las tarjetas de partidos o grupos independientes que se lo merezcan.

Estamos ya frente a este proceso comicial que es un ítem de mucha importancia, nadie lo puede poner en duda. Uno, no obstante, que es el inicio de una inconclusión. El proceso histórico que atravesamos no tiene un desenlace cercano, por el contrario, entra en una nueva etapa de graves riesgos y de sinuosos peligros. Más allá de los resultados y del comportamiento que tengan los electos, más allá de las marramuncias del régimen, y más allá de cómo enfrentaremos los posibles tsunamis de la coyuntura, lo que a mí me preocupa in extremis es la creación de un nuevo espíritu, la posibilidad de asumir –al fin- estrategias claras que nos lleven a un salto hacia delante, las posibilidades de abrir las compuertas de la imaginación creadora hacia una democracia del siglo XXI, la posibilidad de la emoción inteligente planteándole desafíos inimaginables al país, la conformación de un clima de avance que nos permita llegar a una conclusión que no es otra que la superación de lo presente partiendo desde él. El pasado no se construye, es historia. El desafío a los pueblos es a avanzar. Preparemos el futuro con determinación y con una imaginación creadora desbocada. Así llegaremos a la conclusión, para inmediatamente someterla a escrutinio, pues la democracia es un eterno peregrinar en el conocimiento para la equidad, en la acción transformadora que no se anquilosa, en un cambio permanente e interminable por hacer justicia al hombre.

* Escritor e diplomata venezolano

quarta-feira, 5 de novembro de 2008

Com Obama. Começa o século XXI

"Mi amigo el escritor norteamericano, conservador, republicano, claro producto de la Norteamérica blanca y protestante, me dejó sorprendido cuando desde su pequeño condado vecino a Los Ángeles me hizo saber su decisión: 'Votaré por Obama', dejó escrito simple y llanamente en un mail. Estados Unidos asumía desde ya la comprensión de este mundo del siglo XXI, qué duda cabía."

Obama, in prima epistula


Teódulo López Meléndez *
teodulolopezm@yahoo.com

I

En uno de los documentos más impresionantes de la historia del periodismo norteamericano en cuanto a apoyos electorales, la revista The New Yorker lo dijo todo sobre Barack Obama y sobre John McCain. Más allá, lo dijo todo sobre los Estados Unidos de América. La frase final de un documento que excedía a las meras simpatías por un aspirante a la presidencia para convertirse en una radiografía implacable y en un diagnóstico de una lucidez deslumbrante fue esta: “En momentos de calamidad económica, perplejidad internacional, fracaso político y moral golpeada, los Estados Unidos necesitan tanto elevación como realismo, tanto cambio como firmeza. Necesitan un líder temperamental, intelectual y emocionalmente en sintonía con las complejidades de nuestro atribulado planeta. El nombre de ese líder es Barack Obama”.

La sociedad norteamericana había producido el líder, aún antes del crack económico. Sólo una sociedad viva, inquieta y capaz de erguirse sobre su multiplicidad, sobre sus contradicciones y sobre sus gravísimos defectos, es capaz de producir el liderazgo asentándose sobre sus virtudes y sobre su capacidad de autogeneración. Ese documento memorable no hablaba de aislacionismo, hablaba de la mezcla de realismo y elevación; quienes piensen que los Estados Unidos de Obama entra en una especie de retraimiento andan muy equivocados. Donde entra Estados Unidos es en la percepción emocional de este atribulado planeta bajo la conducción de un líder temperamental e intelectualmente claro. El liderazgo de los Estados Unidos no disminuye, simplemente cambia.

La inteligencia echa pilotes sin necesidad de aspavientos. Quiero decir que quienes han asegurado que la campaña presidencial norteamericana transcurrió sin innovaciones programáticas, andaban absolutamente equivocados. Quienes aseguraron que los planteamientos de Obama o de McCain pasaban sin mayores distinciones, lo hicieron por incapacidad para percibir la terrible sinergia que estaba presente en la elección. Lo que allí se debatía era si los norteamericanos aplazaban el viraje por cuatro años (más no iba a durar la presidencia de McCain) o si lo asumían de una vez. El lado trágico de McCain lo encarnaba Sara Palin, con su conservadurismo perdido en las entrañas de una nación que hacía brotar viejos atavismos e incomprensión total del mundo presente.

Sin lugar a dudas el mundo estaba volcado hacia Obama, pero quienes comprendieron la trascendencia del momento y percibieron la emoción de lo que sucedía fueron los propios norteamericanos. Nunca había visto tanta, tanta entrega, tanta convicción de vivir en un momento estelar de la historia de los Estados Unidos. Mi amigo el escritor norteamericano, conservador, republicano, claro producto de la Norteamérica blanca y protestante, me dejó sorprendido cuando desde su pequeño condado vecino a Los Ángeles me hizo saber su decisión: “Votaré por Obama”, dejó escrito simple y llanamente en un mail. Estados Unidos asumía desde ya la comprensión de este mundo del siglo XXI, qué duda cabía.

II

Hasta aquí la emoción de lo sucedido. Viene ahora la confrontación entre las ideas y la realidad. Nadie puede esperar cambios espectaculares, aún cuando la realidad económica los requiere de urgencia hacia el interior. Obama tiene hasta enero para conformar su gabinete. Ya tiene como vicepresidente a un hombre fogueado por décadas en la Comisión de Política Exterior del Senado, si se quiere un digno representante del establishment, una experiencia acumulada que le servirá de mucho. Los problemas puntuales son conocidos: la guerra en Irak, el desafío que representa Afganistán, pero el asunto es más grave y complicado; se trata de un nuevo lenguaje y de una nueva manera, de un abandono de las ínfulas imperiales, del ejercicio de un líderazgo basado sobre el diálogo y sobre la comprensión de los muchos problemas. Por ejemplo, entre los cerros de basura que se lanzaron sobre Obama en los últimos días de la campaña destacó la de la ultraderecha israelí que protestaba porque dos de cada tres judíos norteamericanos iba a votar por el senador de Illinois y no por la fórmula republicana. Alegaba la ultraderecha que Israel entraba en una suerte de peligro mortal. Lo único cierto es que Israel no entra en ningún peligro y Obama defenderá la integridad israelí, pero con una comprensión profunda del problema palestino. La ultraderecha no puede pretender que el problema palestino siga alargándose por años y que se mantenga una situación de guerra donde los cohetes de la ultra palestina de Hamas sigan cayendo e Israel se asiente sobre una represión militar constante. El problema palestino existe y hay que resolverlo. Hay un elemento de justicia pendiente: no es otro que la suerte del pueblo palestino que tiene perfecto derecho a un estado con fronteras perfectamente delimitadas y a vivir la vida sin sobresaltos y de una manera digna. La incomprensión rodeará al gobierno Obama sobre este punto específico, pero ya no se puede aplazar más la solución definitiva en una suerte de burla permanente. La sensibilidad de Obama sobre este asunto crucial del Medio Oriente y sobre varios más que aquejan al planeta, es donde se medirá esta mezcla de realismo e imaginación, de firmeza y de ruptura de los nudos gordianos.

Con América Latina hay asuntos puntuales y Cuba encabeza la lista. Entre los muchos manifiestos que recibí con motivo de esta elección estaba uno de una autodenominada Juventud Cubana en el exilio en Miami, donde se llamaba a un esfuerzo final para impedir la victoria del comunista Obama en el estado de Florida. En esos términos no se puede seguir funcionando con Cuba. Es hora de que Estados Unidos y Cuba se sienten a dialogar. Así como no se puede esperar un levantamiento unilateral e incondicional del errático bloqueo, tampoco se puede esperar que nada se mueva. El diálogo debe iniciarse y podrá ser todo lo lento que las circunstancias lo ameriten, pero deberá avanzar contra todas las dificultades. El espectáculo del tejemaneje sobre la eventual asistencia norteamericana a la isla con motivo de los dos últimos destructivos huracanes, no deberá repetirse jamás. Paso a paso deberá irse hacia delante: apertura política por apertura económica, liberación de presos por autorización de exportaciones norteamericanas, mejoría notable de los derechos humanos por aumento de los envíos de remesas en dólares de los cubanos-estadounidenses a sus familiares en Cuba. El diálogo entre Estados Unidos y Cuba debe abrirse, ese es otro de los imperativos históricos que ronda la presidencia de Barack Obama.

III

Sí, tal como lo decía The New Yorker lo que caracteriza a este mundo es la perplejidad. Este es un mundo que ha perdido el rumbo, que yace en la irresolución, sin aliento. Devolvérselo es la tarea de un líder carismático que ya no recurre a la prepotencia imperial sino al tono de la criticada palabra. Qué Obama hablaba muy bien, pero era sólo palabras, fue uno de los argumentos de Hillary Clinton en su memorable batalla contra Obama. La señora Clinton se veía rebasada en una lucha que había sido diseñada, hasta en los últimos detalles, para que ella la ganara. El joven senador negro (que algunos se empeñan en reiterar como mestizo buscando quién sabe que efecto) era sólo palabras, pero la señora Clinton no podía comprender que detrás del lenguaje arrollador de su joven oponente estaba un pensamiento, no podía entender que el lenguaje es el arma fundamental de un líder emergente. El lenguaje –está dicho hasta la saciedad- es fiel reflejo de quien lo emite, el lenguaje es la traducción a signos de una estructura mental. El lenguaje puede cambiar al mundo. En efecto, somos escritores por conocimiento del poder del lenguaje, de uno que en la pluma de un escritor puede ser endeble o aparentemente intrascendente, pero que en boca de un líder (de manera especial si lo es de la primera potencia mundial) va a tener un efecto de cambio capaz de modificar estructuras cerradas, de abrir ventanas hasta ahora tapiadas, de hacer correr un aire fresco que permita mirar las cosas de otra manera, aunque nadie perciba de inmediato la trascendencia de la modificación.

IV

Al desafío que el presidente Obama encarna habrá que adecuarse. Me refiero a los timoratos líderes europeos y a los enrevesados líderes latinoamericanos. No hablo de los líderes chinos porque esos están muy conscientes de lo que sucede. Y sobre Rusia hay que entender que desde que Rusia es Rusia resulta imposible ponerle un corsé para dificultarle la respiración. Hay que entender a Rusia como es, poco inclinada a prácticas democráticas abiertas, de manera que la prepotencia zarista de Putin no es muy difícil de comprender. Pero también sobre Rusia deben venir conversaciones ingentes. Estados Unidos y Rusia deben abrir un nuevo diálogo y establecer las bases de una nueva convivencia. Este paroxismo de una “nueva guerra fría” que por momentos se asoma en el escenario mundial es un absurdo y Estados Unidos, sin andar imponiendo democracia por el mundo a los coscorrones, tiene un papel clave que jugar en la evolución democrática de Rusia.

Un encuentro y una conversación posibles entre Obama y Chávez no deben asustar a nadie. O es que alguien piensa que el presidente Obama se va a dedicar a avalar dictaduras. O es que alguien piensa que Obama es el presidente de algún espacio extraterrestre y no de los Estados Unidos. Esa conversación podría ser muy perjudicial para Chávez. Como muy bien lo ha dicho el equipo del presidente electo de los Estados Unidos aquí no se trata de sentarse a tomarse un café, aquí se trata de preparación detallada, de establecer condiciones para que el diálogo fluya, de preparar cuidadosamente los detalles.

La mirada de lo que será la presidencia de Obama hacia América Latina no está definida con claridad. Es aquí donde las ideas y las realidades quizás choquen con más fuerza. Creo yo, desconocido comentarista en la pequeña república que es Venezuela, que el primer movimiento deberá ser hacia Cuba, pero no puedo anticiparme a los primeros pasos del presidente Obama. De algo no tengo la menor duda: la nueva administración abrirá todo el abanico hacia América Latina. Toca a América Latina prepararse para una conversación fluida y sin tapujos que traerá beneficios, aunque también algunos encontronazos ineludibles. De ambas cosas se vive.

He repetido muchas veces que los siglos no comienzan cuando comienzan ni terminan cuando terminan. Cuando terminó el siglo XX puede generar una discusión interminable: quizás –decían algunos- cuando el hombre llegó a la luna, pero lo decían antes de que se revelaran todos los secreto del ADN, de que la cadena de la vida fuera mostrada como resuelta en todo su lenguaje, porque la vida está hecha de letras. Cuando comenzó el siglo XXI es hasta ahora objeto de silencio. Si alguien dice alguna vez que el siglo XXI comenzó cuando Barack Hussein Obama fue electo presidente de los Estados Unidos de América, porque cumplió su misión, se honraría a alguien que llegó a la cúspide del poder mundial y fue capaz de ejercer su magisterio a la altura de las expectativas desatadas y se honraría a la nación que lo permitió, a una nación que fue capaz de voltear su alma para enfrentar los desafíos de un mundo perplejo y de moral golpeada.

* Escritor e diplomata venezolano

sábado, 1 de novembro de 2008

Oportunidade excepcional. Para construção de uma economia global de rosto humano

"Lo que ha sucedido es que la política se ha colocado de nuevo por encima de la economía. Si bien tiene aspectos de salvamento del sistema financiero hay que admitir que desde ahora en adelante ese sistema no podrá andar haciendo de las suyas. La crisis ha reiterado la tesis de la mariposa que bate sus alas provocando un huracán del otro lado del mundo. La oportunidad es buena, excepcional diría, para enfrentar la construcción de una economía global de rostro humano en una democracia del siglo XXI."


La política recobra la primacía


Teódulo López Meléndez *
teodulolopezm@yahoo.com

Me atrevo a decir que lo que hemos visto con la crisis mundial es un ataque frontal de las defensas orgánicas frente a la enfermedad del economicismo. Nuestras vidas, nuestra organización social, todos nuestros intereses, han estado centrados en la economía. Más allá de las causas puntuales de la crisis y de los análisis profundos o desvariantes que hemos escuchado, lo que hemos visto es el quiebre de una preponderancia inadecuada, de un privilegio antihumano, esto es, de la primacía de la economía como guía y señora de la organización del hombre sobre este planeta. Una, además, inepta para corregir las desigualdades y para afrontar la creciente pobreza de una parte inmensa de la población mundial.

No me atrevo a asegurar que la insensibilidad de las cifras económicas sea sustituida ahora por una especie de renacer del interés en el hombre, pero más allá de análisis catastróficos sobre el sistema financiero de este mundo globalizado, más allá del papel del Estado como corrector de las anarquías de los mercados, más allá de los señalamientos burlones sobre la necesidad de intervención sobre este sustrato que supuestamente tiene sus propias medicinas con la condición de que nadie lo toque, a lo que hemos estado asistiendo en estas semanas es a la pérdida de la primacía de lo económico, a la caída de la economía nuevamente bajo la égida de la política.

Uno de mis temas predilectos en el desarrollo de la tesis sobre una democracia del siglo XXI ha sido plantear que la democracia dejó de ser el gobierno del pueblo para convertirse en un sistema que permite que los mercados funcionen con libertad. No soy un intervencionista a ultranza, ni creo que el estado debe poner corsés a la actividad económica. En la economía, como en todas las actividades humanas, debe haber libertad, pero lo que es inaceptable es que el mercado se convierta en un mecanismo superior de regulación social y convierta a la democracia en una mera condición para su funcionamiento. Lo he dicho de otra manera: a lo que hemos llegado es a un punto donde los precios están por encima de los votos.

Es esto, en el fondo, lo que se ha quebrado con la presente crisis mundial. Ha quedado demostrado que la economía debe estar sujeta a la política, que la economía es subsidiaria de la democracia, y no a la inversa. En otras palabras, es en el campo de la política donde se perfecciona el orden económico. Cuando observamos las intervenciones de la Reserva Federal o las contradicciones en el seno del Partido Republicano por una violación de la hasta ahora inviolable ortodoxia de respeto a las correcciones del mercado que también cobra sus culpables, o la decidida acción de los gobiernos europeos, lo que vemos es a la política reasumiendo su verdadero estatus que la coloca por encima de la economía.

Este dominio, llamémoslo dictatorial, de la economía sobre la política, tuvo como consecuencia un alejamiento entre ambas partes hasta llegar a un divorcio de hecho. Quizás la oportunidad más interesante de la crisis es atacar la dicotomía entre una economía que sólo busca ganancias y una política que debe procurar la defensa de los intereses colectivos. Esta nueva convivencia posible requiere de un análisis agudo de cómo los intereses comunes se expresan en el Estado y en las formas y contenidos en que se expresa la democracia del siglo XXI que debe sustituir a la democracia de la era industrial. Es de estas causas, de estas condiciones objetivas, de esta verdad democrática, de las cuales dependerán los elementos de una economía sana.

No hay sistemas económicos perfectos, ni recetas infalibles, pero como siempre que hablamos de democracia hay que decir que la meta es encontrar el equilibrio y que la ciudadanía debe participar en las decisiones económicas, como en las demás, en procura de la superación de los desequilibrios que se originan en el mercado, como ha quedado exhaustivamente demostrado con la crisis mundial.

Es aquí donde hay que admitir –en el caso específico venezolano- que hay que marchar hacia nuevas formas de organización económica sin que ello implique la ruptura de asuntos como el de la propiedad privada. Es perfectamente posible el desarrollo de una economía solidaria sin romper el mercado, porque la única verdad es que hay que reinventar, inclusive al mercado. La economía debe tener aspectos microsociales que para nada rompen la capacidad de elección.

Aquí lo que ha sucedido es que la política se ha colocado de nuevo por encima de la economía. Si bien tiene aspectos de salvamento del sistema financiero hay que admitir que desde ahora en adelante ese sistema no podrá andar haciendo de las suyas. La crisis ha reiterado la tesis de la mariposa que bate sus alas provocando un huracán del otro lado del mundo. La oportunidad es buena, excepcional diría, para enfrentar la construcción de una economía global de rostro humano en una democracia del siglo XXI.

* Escritor e diplomata venezolano

quinta-feira, 6 de março de 2008

Colômbia, Equador, Venezuela. O falso e o verdadeiro problema da OEA

"Lo que hemos visto en el debate del Consejo permanente de la OEA es un desfase total en el plano jurídico. Lo personalizo en la muy atrasada intervención del embajador argentino con su rotundo “no”, uno que encarnaba el desconocimiento de la nueva realidad mundial con la aparición del terrorismo. Un Estado no puede albergar en su seno – especialmente si es consentido - a una organización calificada de terrorista y muchísimo menos a una que está en actividad para derrocar al gobierno de otro Estado."

El limbo y el azar


Teódulo López Meléndez*

El derecho no es un cuerpo rígido, una especie de cadáver tieso o una tabla bajada de la montaña para ser aplicado con un golpe seco sobre la cabeza de los hombres o de los Estados. El derecho se renueva para cubrir las realidades que nacen en el seno de las comunidades humanas y en las relaciones entre Estados. El principio de soberanía está muy limitado por la creciente conformación de bloques regionales y se subsume en una renuncia voluntaria a favor de órganos multilaterales. El principio de inviolabilidad territorial se ha visto afectado por la aparición del terrorismo como fenómeno malicioso en los finales del siglo pasado, uno que ha propiciado numerosas resoluciones de las Naciones Unidas sobre la prohibición a los Estados de albergar en su propio territorio organizaciones que los usen como santuarios para incurrir en actos de esta naturaleza.

Los gritos de reclamo de soberanía son estentóreos en un mundo globalizado donde las instancias voluntarias establecidas por los Estados asumen cada vez más competencias. Los bloques regionales – caso Europa - han avanzado más –es cierto- que las mismas Naciones Unidas en la conformación de mecanismos supranacionales, pero aún así hay avances como el establecimiento de la Corte Penal internacional, institución que contó en su momento con el rechazo norteamericano ante el temor de que sus propios soldados pudiesen ser juzgados allí luego de alguna intervención en el exterior.

Escuchar hablar de soberanía en la Europa de hoy es algo así como un contrasentido, cuando las instituciones que se han construido (Banco Central Europeo, Comisión Europea, Parlamento Europeo, Corte Europea, etc.) son establecimientos depositarios de renuncia a ese viejo concepto. En América Latina los atrasos son siempre la norma. Los procesos de integración son frenados porque se alega que esa o aquella institución “afecta la soberanía nacional”. La fijación de un arancel externo común es violado repetidas veces, en los procesos de creación de un aro externo conjunto, porque los Estados se permiten alegar que aquella disposición –o la de más allá- afecta a algún producto agrícola o industrial. Es por ello que la Comunidad Andina de Naciones fue débil y que el MERCOSUR es un cuerpo informe que se niega a tomar forma. En este continente seguimos viviendo de la “soberanía” como un principio irrefutable, causa por la que la integración sigue siendo una entelequia.

Los escasos y débiles mecanismos que ha logrado construir la OEA sirven mientras no se metan conmigo “Estado soberano”. El ejemplo patético lo tenemos cuando el entonces presidente Fujimori se retiró de la Corte Interamericana porque produjo una sentencia que le era desfavorable. Hay que admitir, no obstante, que esa medida unilateral tomada por el entonces Estado peruano contribuyó al proceso de caída de un presidente que pretendía eternizarse en el poder mediante mecanismos fraudulentos.

Lo que hemos visto en el debate del Consejo permanente de la OEA es un desfase total en el plano jurídico. Lo personalizo en la muy atrasada intervención del embajador argentino con su rotundo “no”, uno que encarnaba el desconocimiento de la nueva realidad mundial con la aparición del terrorismo. Un Estado no puede albergar en su seno – especialmente si es consentido - a una organización calificada de terrorista y muchísimo menos a una que está en actividad para derrocar al gobierno de otro Estado. No obstante, para el atrasado Estado argentino los principios jurídicos son inmutables, inmodificables, eternos, Son los devaluados populistas los que gritan el devaluado principio de la soberanía.

Veamos ahora los bordes de la palabra-concepto llamada agresión. Un Estado agrede a otro cuando ataca ciudadanos o bienes de ese país, causando muertos o heridos o destrucción física. En el caso que nos ocupa el Estado colombiano atacó a un grupo de sus propios ciudadanos alzados en armas para derrocar a su gobierno legítimo, no causó ningún daño a ciudadano ecuatoriano alguno y en el plano físico destruyó algunos árboles, lo que, si abandonamos la seriedad por un momento y nos ponemos jocosos, bien podría repararse con una siembra masiva de alguna planta que el Ecuador considere adecuada a su medio ambiente.

Como diplomático admito que la decisión del Consejo Permanente de la OEA ha sido equilibrada. Al fin y al cabo ha reconocido lo innegable –fuerzas armadas colombianas entraron en territorio del Ecuador-, ha nombrado una comisión investigadora y ha convocado lo conveniente: una Reunión Extraordinaria de los Ministros de Relaciones Exteriores, una que no irá más allá de lo decidido por el Consejo Permanente, pero cuyos lapsos contribuirán a bajar la presión diplomática. Como político debo ocuparme de los desequilibrios. He seguido paso a paso la actuación del presidente Correa y debo decir que es un desequilibrado. Este hombre está muy lejos de calzar los zapatos de un estadista. Es un individuo voluble, influenciable, marcado por un nacionalismo extemporáneo. Su declaración de Caracas, en reunión con su par venezolano, en el sentido de que si la OEA no condena a Colombia lavará por sus propios medios la afrenta, es una declaración de un muchacho loco que ejerce chantaje contra una instancia multilateral y deja planteada la opción bélica.

El problema jurídico-político que la OEA deberá enfrentar – y que no está en capacidad de afrontar por sus debilidades intrínsecas - es, sin embargo, muchos más grave. Es el novedoso de Estados miembros albergando en su seno organizaciones dedicadas a derrocar al gobierno de otro Estado y, por si fuera poco, vinculadas al narcotráfico y a la práctica de delitos aborrecibles como el secuestro. Aquí no se trata de las viejas conspiraciones latinoamericanas desarrolladas en otros territorios para derrocar a alguna dictadura militar, sucedidas, por lo demás, en una OEA llena de dictaduras. Esto no es siquiera la ingerencia cubana exportando su revolución y que se resolvió con la expulsión de Cuba de la OEA. Estamos ante hechos inéditos. Dos Estados han estado negociando con las FARC, y al menos uno de ellos financiándolas y proporcionándoles logística de guerra. Pobre OEA: los viejos principios a los que se ha aferrado siempre se diluyen ante sus ojos, lo que se ha denominado sistema interamericano, uno que no tenía fuerza siquiera para afrontar los conflictos tradicionales, ahora deberá ocuparse de asuntos que trastocan las viejas concepciones jurídicas y que ponen patas arribas las antiguas soluciones políticas. Por si fuera poco, a lo de los Estados involucrados en las prácticas aborrecibles, deberá sumar un conjunto de Estados miembros que denominaré “patinetas”. Lo hago porque el otro día estuve caminando en un parque y descubrí que las patinetas ya no tienen dobles ruedas, sólo una delante y otra atrás y un eje en el medio que hace que los niños muevan todo el cuerpo para orientarla y mantenerla en equilibrio. Estados “patinetas” son Argentina y Brasil, por ejemplo.

El verdadero asunto no es que el gobierno venezolano saque de paseo a sus soldados o que el inmaduro Correa nos compruebe que el querido Ecuador se la pase eligiendo presidentes buenos para alcalde de pueblo. El verdadero asunto está en que una vez más la comunidad latinoamericana enfrenta dilemas sobre los cuales no tiene la menor idea de cómo proceder. Y como no la tiene, ni la tendrá, jamás podrá aferrar el asunto gravísimo de Estados protectores de organizaciones terroristas, lo que conllevará a que el asunto escape completamente del ámbito regional para pasar a ser tema de política internacional con pronunciamientos de las potencias y competencias jurídicas de las instituciones establecidas por el mundo que supo desde hace tiempo como se enfrentan las nuevas perturbaciones y los nuevos requerimientos al derecho. En otras palabras, seremos, una vez más, un continente en el limbo para el cual las resoluciones de sus conflictos caen siempre en el azar.

*Escritor e diplomata venezolano

quinta-feira, 19 de abril de 2007

Da Venezuela. La mirada inocente sobre Francia

"Esta es mi “inocente mirada” sobre unas elecciones que considero de altísima importancia, que trascienden el marco francés y que apuntan a una redefinición de la política misma. O Francia se queda donde está o Francia se pone a la cabeza del siglo XXI, así de sencillo."

Teódulo López Meléndez*

Luis de Lion y Elizabeth Burgos han analizado brillantemente las elecciones francesas. El dossier de www.webarticulista.net sobre el tema es excelente. Aún así me gustaría decir algunas cosas, las que llamo “mirada inocente”, por la sencilla razón de provenir de un extranjero que, claro está, no votará.

Ségolène Royal es mi primera opción de voto. Las razones son varias: en primer lugar, por su valentía en asumir las posiciones teóricas levantadas por muchos intelectuales en defensa de una democracia del siglo XXI. La segunda, por ser una mujer, una de estos tiempos que convive con el padre de sus hijos, que tiene sobre sus hombros la responsabilidad de ser la primera candidata a la presidencia de su país y por considerar –lo que parece no piensa una buena parte de los franceses- suficiente experiencia para el cargo. A veces se considera que un líder carece de madurez para una posición por algunos tambaleos durante su campaña: la señora Royal los ha tenido, pero nadie puede dudar que aprendería rápidamente, que se transformaría al asumir el cargo.

La segunda opción es Bayrou, por afinidades intelectuales, por su pasión por la literatura, por su posición centrista que, a mi modo de ver, aporta interesantes matices a la política francesa.

No me gusta Sarkozy porque encarna la continuación de una política, la inmovilidad de Francia en sus actuales estamentos y porque me molesta su acercamiento a Le Pen en procura de algunos votos de la extrema derecha.

Jamás había estado tan de acuerdo con el ex Premier Rocard cuando apunta a un entendimiento entre Royal y Bayrou. Si las encuestas son fieles Sarkozy y Royal irán a la segunda vuelta. Royal más Bayrou deben ponerse de acuerdo, pero quizás el principal enemigo de la candidata está en el seno del Partido Socialista, donde no terminan de tragar que una mujer haya derrotado a los líderes históricos, que nunca haya sido primer ministro y menos sus posiciones que rompen con las argucias y estamentos tradicionales. Un acuerdo con Bayrou les parece pecado, pero mucho me temo, para pesar de los grandes capistrotes socialistas, que la señora Royal buscará ese entendimiento muy a pesar de los viejos líderes, si es que logra entrar a la segunda vuelta.

Las encuestas apuntan a una victoria de Sarkozy. Si es así, no habrá pasado nada en el interior de Francia, a no ser el endurecimiento de algunas medidas anti-inmigración, aunque sí algunas cosas en Europa: se opondrá a la integración de Turquía en la Unión Europea, un proceso que casi me atrevo a llamar inevitable. Si Ségolène Royal gana Francia habrá hecho honor a su tradición histórica de ser campeona de los nuevos aires: una mujer en la jefatura del Estado, un líder abierto a las nuevas corrientes del pensamiento, un aire nuevo y revitalizante de la discusión pública, una pareja extraordinaria con la canciller alemana Angela Merkel, lo que daría a Europa un gran impulso al consolidar el eje franco-alemán que mueve a la Unión Europea. La incorporación de Bayrou al gobierno daría el toque de equilibrio y hasta de intelectualidad, una presencia reconfortante para lo que he insistido en llamar, desde mis posiciones teóricas, la superación de las viejas dualidades que nos permitan vivir y convivir con la incertidumbre de estos tiempos.

Esta es mi “inocente mirada” sobre unas elecciones que considero de altísima importancia, que trascienden el marco francés y que apuntan a una redefinición de la política misma. O Francia se queda donde está o Francia se pone a la cabeza del siglo XXI, así de sencillo.

*Escritor venezolano

terça-feira, 6 de março de 2007

Dossier Venezuela. El desarrollo de una nueva cultura política

Num momento em que, em Portugal, a situação e a evolução política da Venezuela é descrita sobretudo pelo lado do confuso folclore político decorrente da dependência informativa, este artigo de Teódulo López Meléndez esclarece.

El desarrollo
de una nueva cultura política


Teódulo López Meléndez

LAS INCLINACIONES totalitarias están creando malestar, especialmente donde más falta hace. Lo más importante, a mi entender, del acto de PODEMOS*, fue el lanzamiento de la frase “Patria, socialismo democrático y vida”. A José Vicente Rancel hay que tomárselo en serio y entenderlo. Ha hecho advertencias en este mismo sentido y el personaje no se presta para que eso que hacen algunos, burlarse. Si uno sigue el debate conceptual sobre socialismo que protagonizan numerosos intelectuales de izquierda encontrará una inocultable tendencia de rechazo a todo totalitarismo y a una vigencia plena de la libertad y de la democracia.

COINCIDO plenamente con todos ellos. Dije en su momento – y repito ahora - que el límite de Chávez era la raya amarilla de la democracia y de la libertad. La reelección indefinida está dentro de esa raya y allí podemos encontrar otro punto de confluencia. Tal reelección implica algo inadmisible para estos dos principios, entre otras cosas, porque bloquea todo ascenso a cualquier líder distinto, oficialista o no, y porque signa al gobierno como un régimen unipersonal vitalicio. Las coincidencias con los amigos del PPT, de PODEMOS, e, inclusive, con los amigos del Partido Comunista, van más allá. En el PCV no encuentro una línea estalinista ni mucho menos. Los temas mismos de su próximo congreso indican una apertura a la pluralidad harto interesante.

QUIZÁS haya que recordar la manida frase de “no hay mal que por bien no venga”. Creo estar asistiendo al despertar de la plena vigencia de un socialismo democrático que se reivindica a sí mismo sin abjurar de ninguno de los principios de equidad y justicia social. Sin abjurar de la exigencia de pluralismo, de diálogo y de tolerancia. Quizás sea el momento de profundizar en los planteamientos teóricos-doctrinarios de esta tendencia y llevarlos a la constitución de una innovadora plataforma de acción política, de una que reclama la independencia de sus propios cuadros y la necesidad de existir más allá de una simple participación burocrática.

LA POLÍTICA es paradójica. Este despertar de la idea democrática también favorece a Chávez – y con él al país - en el sentido de que aleja la posibilidad de una salida de fuerza. En efecto, al producirse el reclamo de libertad y democracia, de pluralismo y diálogo, en el seno mismo del gobierno, se abre una puerta que hay que cruzar. Al mismo tiempo perjudica a Chávez en sus propósitos de eternizarse en el poder. El presidente tiene delante de sí una clara advertencia de que no será acompañado en propósitos contrarios a los principios claves y, en consecuencia, o comprende de una vez por todas que su gobierno tiene un límite en el tiempo o se lanza por el despeñadero de la aventura donde sólo le acompañará un puñado de incondicionales fanáticos.

BIEN PODEMOS aprovechar todos la coyuntura para crear una nueva conciencia política en Venezuela. Los planteamientos que he hecho sobre la concepción de un Estado Social de Derecho no tienen color socialista ni ideológico particular ninguno. Son principios que bien pueden ser asumidos por el cuerpo social todo, incluyendo a los partidos de diverso signo. Los planteamientos que he hecho sobre una economía inclusiva están reflejados por todas partes como un anhelo nacional, hasta en el buen documento de la Conferencia Episcopal Venezolana. Sólo algunos sectores venezolanos demasiado a la derecha se limitan a atacar a Chávez sin decir una palabra sobre la necesidad de atender a una sociedad de pobres. Lo que sí hace una centro-derecha que comprende perfectamente los tiempos presentes. He insistido mucho en las formas horizontales que deben tener los partidos de este siglo, sobre una nueva concepción de la política que deje en el pasado la de líderes providenciales y la de “direcciones nacionales” inmunes a los criterios y al pensamiento de las bases populares. Todos coincidimos en ello y las demostraciones son palpables: PODEMOS, para tomar su postura, consultó a todos sus cuadros, el PPT está haciendo lo mismo, el Partido Comunista ha ido a cada núcleo suyo a preguntar por el camino a tomar, COPEI se muestra inclinado a cambiar su estructura interna. Hay, pues, en los hechos, una nueva cultura política emergente que todos juntos debemos atribuirle al país –pedagógica y democráticamente - y abrir así un nuevo juego sobre las bases de la democracia y de la libertad, y también de la concepción de una nueva organización social que no dependa de las dádivas sino de una convicción profunda de hacer ciudadanos y no fanáticos estériles.

TIENDO LA MANO a todos los que andan por este camino. El juego democrático implica divergencias, contrastes, lucha por el poder, batallas generales y particulares. Podemos incurrir en todas ellas, el asunto clave está en que mantengamos la posibilidad de hacerlo. Y después de garantizarnos la base esencial ir –paralelamente, desde ya - a implementar esta nueva cultura política. Este es el único y verdadero gran esfuerzo unitario que vale la pena. Los otros son acuerdos de partidos, de facciones, de grupos y eso no tiene validez trascendente. Lo importante es comprender la oportunidad que el momento histórico nos brinda a todos y luchar denodadamente por establecer una cultura política donde podamos diferir.
    * PODEMOS, PPT y Partido Comunista, partidos venezolanos que forman parte del gobierno de Hugo Chávez

domingo, 11 de fevereiro de 2007

Um alerta da Venezuela. Teódulo López Meléndez

¿Desfile militar para celebrar un golpe fallido? Hitler lo hacía cada año para “gloria” del fracasado de 1923. Alerta de Teódulo López Meléndez, que, sem dúvida, não pode deixar de indiferentes os que, sem reserva mental, defendem a democracia em qualquer parte do mundo. Teódulo López Meléndez é escritor, diplomata e editor.




Reservistas que gritan socialismo

o la lectura de un historiador inglés


Teódulo López Meléndez

LA CELEBRACIÓN de un desfile militar para conmemorar un intento de golpe de Estado es ya, en sí, una afrenta. Reservistas gritando “Patria, socialismo o muerte” y la colocación en las puertas de los cuarteles de letreros con esa consigna, tal como lo demuestra la fotografía publicada por un diario nacional, nos hace ver que la Fuerza Armada Nacional es tratada no como tal, sino constreñida a ser el ejército de una facción en el poder, o tal vez deberíamos decir de una “falange” en el poder, o quizás deberíamos decir de un “fascio” en el poder. La colocación, por vez primera desde Pérez Jiménez, de la banda tricolor presidencial sobre un uniforme militar elimina toda duda sobre esta realidad.

LEO HITLER, del historiador inglés Ian Kershaw y veo venir la celebración de la Copa “América”. El paralelismo de cómo el nacionalsocialismo del siglo XX utilizó las Olimpíadas de 1936 para mostrar la “frescura” de Alemania, la “felicidad” de Alemania, la “grandeza” de Alemania y “los deseos de paz de Alemania”, me hace advertir que la fiesta futbolística que se celebrará en Venezuela será utilizada para mostrar “los avances del socialismo”, la “felicidad de los venezolanos” y el “amor por el comandante de la revolución”. Veremos pendones en todos los estadios. Aquí habrá gente de todo el mundo, tal como en las Olimpíadas del 36, en medio de grandes fastos, de opulentas celebraciones, de grandiosos agasajos.

¿DESFILE militar para celebrar un golpe fallido? Hitler lo hacía cada año para “gloria” del fracasado de 1923. Leo en el libro de Kershaw como, desesperados, los militares alemanes se miraban los unos a los otros y argumentaban “el pueblo está con Hitler”, para volver a la parálisis total y a la resignación, aún a sabiendas de que el camino que seguían conducía a la destrucción de Alemania. Este libro del historiador inglés es el mejor ensayo que he leído sobre la locura colectiva, de cómo se dejaron pasar “pequeñas violaciones” en aras de la reconstrucción de la grandeza alemana, de cómo se recurrió a la “vista gorda” ante los “éxitos” de Hitler, perdonándole así sus desvaríos. Leo aquí como la oposición al régimen fue aplastada hasta convertirla en nada, proceso que comenzó con la Ley Habilitante que Hitler hizo aprobarse en 1933 con el nombre de “Ley para la protección del Pueblo y el Estado”, bajo el argumento de que era necesaria la rapidez para avanzar con la revolución nacionalsocialista.

ESTAS MÁS de 2.500 páginas del Hitler de Ian Kershaw, originalmente publicado en inglés en el 2000 y en español en el 2002, demuestran como 60 años después de la tragedia alemana aún faltaba mucho por decir. Especial interés revisten las contradicciones internas del régimen nazi, las pugnas por la obtención de cuotas de poder, las oportunidades desperdiciadas por los hitlerianos para desembarazarse de Hitler. Cuando un régimen acumula tanto poder y se centra en la figura de un caudillo, toca a las propias fuerzas internas tomar decisiones. Lo que hay que recordar es que esas fuerzas internas existen.

LA DECLARACÍON abierta la dio el general Müller Rojas: la reserva existe para evitar un golpe de Estado. A la luz de esta afirmación se concluye que el desfile del 4 de febrero fue uno de advertencia a la Fuerza Armada Nacional, uno contra la Fuerza Armada Nacional, uno de temor frente a la Fuerza Armada Nacional, uno de intento de imposición a la Fuerza Armada Nacional de obediencia ciega bajo la amenaza de un ejército paralelo.

CON LA LECTURA de Kershaw uno se da cuenta que el poder totalitario no es una roca indestructible como aparentemente luce. Las conspiraciones estaban al orden del día y, una de las cosas más interesantes, a pesar de la SS Hitler no se enteró, ni siquiera que el propio Jefe del Estado Mayor, el fiel seguidor, era el líder de una de ellas. Las implosiones vienen de la estructura misma del poder totalitario, implosiones siempre vivas y al borde de encenderse. Los éxitos sin disparar (Austria, los Sudetes) mantuvieron al Führer en el prestigio. Después los militares alemanes tuvieron que pelear y las docenas de conspiraciones para derrocar a Hitler se fueron disipando. Militar en guerra no conspira, a menos que la guerra conduzca al suicidio.

LAS CONTRADICCIONES, los apetitos desatados, los deseos de poner término a la situación indeseable, no son visibles en el poder totalitario. Este parece, hacia fuera, una roca inconmovible, pero adentro es una jaula donde las pasiones siempre están al rojo vivo. Es, al menos, lo que uno concluye leyendo Hitler de Ian Kershaw.

quarta-feira, 6 de dezembro de 2006

Venezuela vista de dentro. A análise de Teódulo López Meléndez

Com frieza intelectual e acutilância, parágrafo de destaque do que Teódulo López Meléndez escreve sobre as eleições da Venezuela: «El país de la oposición parece dividido en tres sectores. El primero, el de los deprimidos, que toman Lexotanil en cantidades industriales; el segundo, el de los indignados que creían en una victoria y se ocupan de insultar a Petkoff, Borges y Rosales; el tercero, el de los oportunistas que creen llegado el momento de hacerse de un liderazgo pasando por encima de los cadáveres que contribuyeron a matar y, de hecho, proclamándose candidatos presidenciales para el 2012. El país del gobierno, uno evidentemente mayoritario, declara calmo por boca de sus voceros, comenzando por el presidente Chávez quien, a pesar de su retórica habitual, hizo un discurso moderado e inteligente el día de la celebración de su victoria.» É de ler.


Este insólito país ciego y sordo

Teódulo López Meléndez

martes, 5 diciembre 2006

LA PRIMERA impresión que un analista tiene frente a los resultados del 3 de diciembre es que aquí no ha pasado nada, que aquí no hubo elecciones y que simplemente terminó una fiesta. Si uno enciende ese medio noticioso se dará cuenta de que todo sigue igual: no recuerdan haber manipulado y desinformado, ni recuerdan haber dicho que las líneas de los dos aspirantes se habían cruzado. Los “entrevistados predilectos” siguen en pantalla como si nada. Los secretarios generales de los partidos declaran los lunes con la más absoluta normalidad: Puchi habla en nombre del MAS, reducido a la nada, un partido que no existe. Planas habla en nombre de COPEI, un partido que sacó 200 mil votos, un partido que obtuvo una votación inferior a la del Partido Comunista de Venezuela; este último hecho estadístico motivaría una renuncia masiva de la dirección partidista en cualquier país, un llamado a la unión de todos los socialcristianos dispersos en tres sectores. No, el MAS reducido a la nada sigue hablando como un vocero calificado de la vida nacional. No, COPEI, un partido inferior en votación al PCV, sigue siendo COPEI. Los cadáveres están regados por el piso, –me refiero a innumerables partidos que no existen- pero allí están, siguen siendo los líderes de la política nacional, la “alternativa” frente a Chávez, la “oposición”, el chiripero que logró la “unidad”. Uno tiene derecho a preguntarse que clase de poder hace de este país una fotografía inamovible.

EL PAÍS de la oposición parece dividido en tres sectores. El primero, el de los deprimidos, que toman Lexotanil en cantidades industriales; el segundo, el de los indignados que creían en una victoria y se ocupan de insultar a Petkoff, Borges y Rosales; el tercero, el de los oportunistas que creen llegado el momento de hacerse de un liderazgo pasando por encima de los cadáveres que contribuyeron a matar y, de hecho, proclamándose candidatos presidenciales para el 2012. El país del gobierno, uno evidentemente mayoritario, declara calmo por boca de sus voceros, comenzando por el presidente Chávez quien, a pesar de su retórica habitual, hizo un discurso moderado e inteligente el día de la celebración de su victoria. Lo criticable es que los voceros oficiales no se hayan lanzado con todas sus fuerzas contra los extremistas que se dedicaron a atacar sedes de la oposición en un par de ciudades y los hayan metido presos para demostrar una intención reconciliatoria.

NO SE ESCUCHA en los “voceros de la oposición” ninguna autocrítica. Más bien dicen lo contrario: todo fue perfecto, tuvimos un gran candidato, todo es ganancia. La ganancia que han obtenido es de ver al chavismo pasando del 60 por ciento por vez primera, de ver al chavismo ganando todos los estados, de ver al chavismo disparado hacia los diez millones de votos que conseguirá, sin duda alguna, si estos voceros de los partidos inexistentes siguen dominando la escena pública. No se refugien en el ventajismo oficial, en las presiones o en el miedo. Pronuncien una autocrítica, admitan que el candidato era imperfecto, acepten que nunca tuvieron una propuesta de país, acepten que la imagen que transmiten es de contrarrevolución en un momento en que la revolución continúa.

SI BIÉN Chávez cambia de piel con periodicidad de reloj, hay que aceptar que tendió la mano en su discurso de celebración. Lo que puede haber molestado es su insistencia en que vamos hacia “el socialismo del siglo XXI”. Pues bien, ese es el mandato que tiene de la voluntad popular. Nos hemos quejado siempre de que los aspirantes presidenciales ofrecen programas que no cumplen. Ahora tenemos uno que sí lo va a cumplir, es más, tiene la obligación de cumplirlo por un mandato expreso de la voluntad nacional. Frente a ello hay que oponer ideas, no demagogia o populismo. El caso del trueque es emblemático: se han lanzado contra Chávez por traer al debate este tema calificándolo de regreso al mundo precolombino o paleolítico. En artículo publicado en estas mismas páginas hice el análisis serio del asunto, explicando como efectivamente el trueque ha regresado como organización de un sector parcial de asociados que lo practican, desde Estados Unidos hasta Japón, pasando por el comercio internacional. El trueque forma parte de una economía inclusiva que de socialista no tiene nada, porque me niego a admitir que todo lo que sea inclusivo y de justicia pertenezca al socialismo cuando muy bien puede y debe ser parte esencial de una democracia del siglo XXI.

EL GOBIERNO tiene serias obligaciones. Debe mantener el tono conciliatorio que ha prevalecido en sus voceros y debe meter en cintura a los grupos violentos que hacen de las suyas con absoluta impunidad. Chávez, en particular, debe bajar la retórica y recordarse de algo que hasta ahora no ha hecho, gobernar. Chávez debe ordenar por decreto la libertad de todos los presos políticos y si no los quiere llamar de esa manera busque otra forma, pero póngalos en libertad. Chávez debe saber, y lo ha dicho, que el resultado electoral ha acabado con el aventurerismo. En efecto es así. Quiéranlo o no estamos ante un gobierno perfectamente legítimo que ha obtenido una resonante victoria electoral. Debe actuar en consecuencia, pues están derrotados los que pudieron haber tenido la idea de derrocar al gobierno por la fuerza. A pesar de los mastines que siguen insistiendo hay que recordar que se apagarán, que hay una expresa voluntad nacional que incluye, y me permito recordarlo expresamente, una decisión de participar libremente en procesos electorales y de vivir en libertad. Chávez debe saber que su política de inclusión social no puede continuar siendo una contradicción, pues mientras procura incluir al mismo tiempo uniforma de rojo. El principio correcto de inclusión se desvirtúa y prostituye cuando se viste de rojo, pues pasa a convertirse en sectarismo. Es pues Chávez el que más tiene que aprender y corregir.

HAY principios claves en este aspecto. La creación, por ejemplo, de los Consejos Comunales es estupenda, como estupendo es el principio de la contraloría social, pero si para integrase allí hay que ser “rojo rojito” estamos ante una aberración. Chávez huyó hacia delante con esta frase que en mal momento pronunció el ministro Ramírez, y uno lo entiende por efectos de campaña electoral, pero debe omitirla, debe olvidarla, debe recordar que intenta un proceso profundo de cambios y no un exterminio de una parte de la población.

SI ESO es lo que Chávez debe entender, casi no nos atrevemos a decir lo que la “oposición” debe entender. Es exactamente la misma que ha sido derrotada. Siguen con sus manipulaciones y torpezas. Pero intentémoslo: deben aprender que el trabajo político debe estar relleno de ideas, de un proyecto de país, de una idea de grandeza; deben entender que estamos ante un proceso irreversible: Venezuela jamás será nunca la de antes, lo que quiere decir que Chávez, para bien o para mal, es un líder histórico excepcional que ha hecho imposible el retorno al pasado. Deben entender que no se pueden seguir refocilando detrás de siglas sin votos. Deben dejar de escribir “obituarios a la república”, como ha hecho en mal momento un periodista, porque aquí la república sigue viva. Deben entender que el trabajo político es de todos los días y de todas las horas, que hay que aprender a comprender al pueblo y que hay que saber interpretarlo no manipularlo. Deben aprender a leer y saber de las ideas que se mueven en el mundo contemporáneo. Sobre todo, deben dejar de ser contrarrevolucionarios y ponerse a la cabeza de cambios sociales. Aquí hay una revolución y lo que deben hacer es oponer ideas a las ideas, sin sentido retrógrado sino empujando hacia delante.

CHÁVEZ debe terminar de meterse en la cabeza que la revolución venezolana no tiene ningún parecido o semejanza con la revolución cubana. Chávez debe recordar que no puede salirse de los límites de la democracia porque este mundo de hoy no lo va a permitir, muy a pesar de los columnistas de prensa locales que se han lanzado contra los corresponsales y enviados de prensa extranjeros porque no dicen lo que quieren oír. Chávez quiere hacer la revolución en democracia, pues bien, que aprenda a vivir en democracia. Chávez tiene el desafío, que he señalado muchas veces, de una contradicción insalvable entre revolución y democracia. Deberá resolverlo y he ahí el reto fundamental que debe agobiarlo desde el punto de vista ideológico. Democracia es administración de intereses contrarios, revolución es la imposición de una tesis. No le pido respete privilegios, (tampoco los de sus partidarios, privilegios que crecen a ojos de todos), le pido resuelva este inédito enigma. Es también el reto de la oposición, que ahora debe mantenerlo en este campo democrático, contrariamente a lo que yo mismo dije hace un par de años. Es allí el punto donde debemos entendernos, sin ceder en los principios, cediendo sí en lo accesorio. Quiere hacer una reforma constitucional para, entre otras cosas, establecer la reelección indefinida. Esa es una perversión a la que me opondré, pero, al mismo tiempo, hay que admitir que eso indica una voluntad de permanencia en democracia. Seguramente reformará la Constitución para hacerse reelegir, lo que de ninguna manera quiere decir que lo logre. Deberá ganar elección tras elección, lo que veo muy cuesta arriba, pues si no aprende a gobernar y a rodearse gente capaz será derrotado. Por supuesto, elecciones libres y limpias, sin presiones ni compras de conciencia, no a la manera de Saddam Hussein. Y, claro está, si aquí logra organizarse una oposición conforme a los tiempos que corren. ¿Por qué no una derecha moderna? No estoy diciendo de ningún modo que aquí todos seamos de izquierda. Lo que es inadmisible para este país de hoy es una derecha recalcitrante y atrasada. Acostumbro a decir que nada se parece más que una centroizquierda buena y una centroderecha buena. Los principios que manejo para una democracia del siglo XXI tienen similitud inclusiva con los planteamientos del socialismo del siglo XXI, sólo que le pido a Chávez que no los destruya y los haga inviables rellenándolos de sectarismo, de color rojo, de culto a la personalidad o de manifestaciones totalitarias. Le admito a Chávez sus condiciones de líder y de gran comunicador, pero le pido que tome conciencia de la oportunidad que la historia le ha puesto en las manos y no las desperdicie convirtiéndose en un intento fallido o en otro gobierno que haya que anotar en la lista de gobiernos rechazados por la conciencia del hombre.

LO QUE CHÁVEZ debe tener siempre presente es que este país no le aceptará brotes totalitarios, de restricciones de la libertad, presos por razones políticas. Tiene derecho a la realización de su proyecto, lo que le recordamos es que existen virtudes capitales, como la tolerancia, como la democracia, como la libertad del hombre. En consecuencia, debe dar pasos claros en este sentido.

Y LA PARTE grande del país que se le opone debe recapacitar. Debe aprender a producir líderes modernos y capaces, debe saber que la posesión de un pensamiento coherente es indispensable. Debe saber que la “unidad” de ese chiripero derrotado no es la vía para construir una oposición, indispensable, por lo demás, como contrapoder y como balance frente a un gobierno que tiende a irse de bruces. Debe esperar y adoptar una propuesta seria que se le haga, una propuesta de país, una propuesta que tenga en la base adopción de un nuevo siglo y no carantoñas con los detestables privilegios que siguen en el camino manipulando e interviniendo.

DEBEMOS ser otro país. El gobierno y la oposición han errado. Es mi deber restregárselos en el rostro. No vivo de la esperanza, muy bien definida por el premio Nobel, el estambulí Pamuk, como un estado infantil que se mantiene vivo por un desbocamiento de la imaginación. No. No soy hombre de esperanzas, soy un combatiente del pensamiento que cree que las ideas tardan pero llegan a destino.

quinta-feira, 16 de novembro de 2006

El desarrollo pleno del Estado Social de Derecho. Por Teódulo López Meléndez

De Teódulo López Meléndez, um ensaio em que se cruza o tema central da democracia do Século XXI. Teódulo López Meléndez é advogado, diplomata (serviu em Lisboa, na missão da Venezuela), especialista em Direito Económico Internacional e da Integração, autor de diversos ensaios, fundador e director da Casa Editorial “Ala de Cuervo”. É também de Teódulo López Meléndez o artigo "La economía bajo la primacía de la democracia" publicado anteriormente em Notas Formais.


El desarrollo pleno

del Estado Social de Derecho.

por Teódulo López Meléndez

Si no hay Estado de Derecho no existe democracia, dado que ese Estado de Derecho excede a un simple conjunto de normas constitucionales y legales, pues involucra a todos los ciudadanos, no sólo a parlamentarios que legislan o a políticos que gobiernan. La existencia del Estado de Derecho se mide en el funcionamiento de las instituciones y en la praxis política cotidiana. El Estado de Derecho suministra la libertad para el libre juego de pensamiento y acciones y debe permitir las modificaciones y cambio que el proceso social requiera. El Estado de Derecho excede el campo de lo jurídico para tocar el terreno de la moral, pues existen derechos naturales inalienables. Así comprendido podemos hablar de un Estado Social de Derecho, pues comprende los derechos sociales de los cuales la población ciudadana es titular.

Entre el derecho y la política

Es obvia, entonces, la relación entre derecho y política. El derecho emana de la voluntad de los ciudadanos y el gobierno, expresión de esa voluntad ciudadana, está limitado en su acción por los derechos que esa voluntad encarna. El logro del bien común es el objetivo genérico del derecho. El Estado de Derecho de origen liberal procuraba sólo la protección de los llamados "derechos negativos" (protección a la persona y a la propiedad) y negaba los "derechos positivos" (promoción de la persona, rompimiento de la pobreza, ataque a la desigualdad económica). Si bien la democracia es una forma jurídica específica no puede limitarse a garantizar la alternabilidad en el poder de las diversas expresiones políticas, sino que debe avanzar en la institucionalización de principios y valores de justicia social distributiva. El derecho, para decirlo claramente, es un fenómeno politizado pues dependerá del consenso alcanzado en democracia. En otras palabras los derechos sociales deben ser incorporados a los fundamentos del orden estatal mismo. Es esto lo que se llama Estado Social de Derecho y es lo que una democracia del siglo XXI debe profundizar permitiendo que se plasmen en las conductas políticas democráticas de todos los días la mutabilidad y los desafíos relativos al bien común. Para ello debe crear canales donde fluyan las voluntades y se encaucen los procesos de desarrollo de las personas que constituyen todas el entramado democrático. Se requiere, pues, de una cultura política de la legalidad vista como la convicción de que no basta la existencia de un Estado de Derecho para que pueda hablarse de una sociedad justa, pero la sociedad justa sólo es perseguible en un Estado de Derecho. Al igual que debemos admitir que es en democracia donde se puede proceder a distribuir la riqueza social.


Democracia y derecho: liquidar la iniquidad

La democracia está hecha de los materiales sociales que componen la sociedad dicha democrática. Las normas jurídicas no son legítimas sólo por su origen, fundamentalmente lo deben ser por sus efectos. El asunto es, pues, el, papel del derecho (Rule of law) en la fundación y regulación de la democracia. La Constitución es el consenso sobre una concepción de la vida colectiva. En muchas partes no existe un compromiso hacia las reglas del juego democrático encarnado en el derecho, ni por parte de las poblaciones ni por parte de las autoridades. El Estado de Derecho implica principios morales, jurídicos y políticos que deben tener eco en las decisiones judiciales que fomenten el respeto a las reglas fundamentales del juego político. Cuando no se puede intervenir para modificar los esquemas de iniquidad no estamos ante un real Estado de Derecho. Lo que hemos tenido no han sido democracias representativas sino democracias delegativas. Es indispensable entonces cerrar la brecha entre el orden jurídico formal y las formas y prácticas de la realidad. Hay que revalorizar el papel del derecho y de la legalidad haciendo reales los derechos fundamentales. Esto que podríamos llamar reinstalación del Estado de Derecho pasa por la modificación de la cultura política que necesariamente debe traducirse en mejores leyes e instituciones. Hemos tenido la mala costumbre de rellenar las constituciones de enunciados imposibles ampliando así la brecha entre realidad social y texto jurídico sin que hayamos hecho el esfuerzo de hacer subir desde el cuerpo social las nuevas formas y permitiendo el alzamiento de un autoritarismo constitucional. No olvidemos que los jueces deben ser la línea entre gobierno y ciudadanos.

Democracia: permanente autoprofundización

Toda dominación política se ejerce bajo la forma de derecho y ello explica que hayamos dado como obviamente inseparables a derecho y política, pero como pertenecientes a diversas disciplinas. Ha sido Jürgen Habermas ( La teoría de la acción comunicativa, Facticidad y validez, Escritos sobre moralidad y eticidad, entre otros) el que insistido en un nexo interno y conceptual entre Estado de Derecho y democracia.


Hay que plantearse las formas de desarrollo de un discurso práctico en la acción política que cree condiciones sociales aptas mediante la institucionalización del discurso ético asumiendo el derecho los desafíos planteados a la política en el ámbito cultural y socio-político. Este es el nexo estrecho, dado que la complejidad social ha sometido a presión a los regímenes democráticos. Hay una "pluralización de las formas de vida y una individualización de las biografías" que imponen una multiplicación de tareas y roles sociales por lo que hay que liberarse de vinculaciones institucionales demasiado estrechas. Así surge el planteamiento de una democracia deliberativa. El ciudadano deja de ser un sujeto que simplemente expresa preferencias (por ejemplo electorales) para pasar a ser considerado un agente activo en la construcción del proceso político mediante la modificación del agotado concepto de opinión pública que pasa a ser una deliberativa. Habermas examina el concepto de "esfera pública" planteando todas las taras que ya hemos enumerado en otras partes, tales como massmedia definidos por el marketing, partidos degenerados, etc. para llegar a plantearse una solución que denomina "la racionalización del ejercicio de la autoridad política y social", lo que no es posible en la democracia tal como la hemos conocido. Se plantea entonces una posibilidad de dominación de tipo racional, la posibilidad de reconstituir un principio regulativo que restituya a la razón en su dimensión ilustrada, la posibilidad de un entendimiento que se encuentra en la estructura de la interacción que los seres humanos poseen para solucionar sus conflictos.

El derecho estuvo sustentado en fundamentaciones religiosas o metafísicas, ya no, por lo que hay que buscar nuevas formas de legitimación para el derecho positivo, dado que este no es una mera administración institucionalizada sino un control que busca resolver los conflictos sociales en procura de un eventual consenso. Habermas comenzó por plantearse un neocontractualismo, la ética de la compasión y la ética del discurso. Sin detenernos aquí es obvio que las normas jurídicas son medios para obtener consecuencias o resultados políticos. La legitimidad de este derecho positivo no se funda sólo en la moral sino también en la racionalidad de los procedimientos jurídicos, tanto de fundamentación como de aplicación. Entran en escena así las leyes electorales y los procedimientos legislativos, pero aún insuficientes pues así está en el juego solo una pequeña porción de la vida pública. Se dirige Habermas a plantear una racionalidad procedimental de tipo ético, tema de desarrollo indispensable para la conformación de la idea de una democracia del siglo XXI. Es evidente que el derecho y la política deben procurar la reconstitución de una integración social rota por las diferencias mediante un complejo proceso de mediación social que pasa por las tensiones entre "hechos y normas" o entre "facticidad y validez". Partiendo del derecho y de su relación con la democracia habría que concluir, como ya lo he asomado en trabajos anteriores, que la democracia es permanente autoprofundización.

Habermas acepta que las condiciones económicas y políticas pueden ser controladas en la misma medida en que se fortalecen las expresiones de una razón comunicativa, el espacio público, una política que contempla la deliberación participativa de los ciudadanos, más allá de la lógica instrumental o estratégica (propia de los subsistemas dinero y poder); sin embargo, es necesaria una intersubjetividad comunicativa no mediatizada opuesta a la lógica que prima en los dos subsistemas que amenazan con colonizarlo: el sistema económico y el político. En Teoría de la acción comunicativa (1981) asoma que el derecho puede tener el rol de aparecer como la mediación que cataliza las manifestaciones o reclamaciones ético/morales y políticas. Esto es, el derecho y la democracia se manejan en un nuevo paradigma de derecho fundado en el principio de la discusión

El Estado Social de derecho

Una cosa es el Estado de Bienestar (seguridad social, tributación progresiva, políticas fiscales y monetarias, etc) y otra cosa el Estado Social de Derecho. El primero implica conceptos de política económica y social, pero el segundo implica una forma sucesora del Estado Liberal de Derecho, lo que de ninguna manera implica una contradicción sin salida. El primero es un conjunto de políticas para imponer correctivos a las injusticias generadas en el sistema capitalista. El segundo implica la imposición de una dirección al proceso histórico, esto es, el avance en la búsqueda de la equidad social, la protección de los débiles económicos y, por supuesto, generar riqueza por medio del desarrollo integral, pues para que haya que repartir hay que producir
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De esta manera el propósito fundamental del Estado es perfeccionar la democracia, entendida también en sus aspectos jurídico y económico. Esto implica, a mi entender, una reformulación general de principios y una nueva concepción de los derechos fundamentales. Así, he insistido en que la teoría aceptada de que la soberanía radica en el pueblo debe ser cambiada por otra que implique su residencia en el hombre que la ejerce a través del pueblo. Esto evitaría la más feroz de las dictaduras, la ejercida por la mayoría, y colocaría a los derechos humanos en el primer plano de la teoría y de la acción. El Estado Social de Derecho al incentivar la organización social crea nuevos intermediarios entre el poder y la sociedad. Esa organización constituye poder político que se incorpora, de facto, al grupo de división constitucional de poderes.

Ello implica la consagración legal de la descentralización, pues facilita la inclusión y el control; la sujeción del mercado al bien común y la inclusión de lo privado en el atributo del Estado sobre lo público de manera que este ámbito se convierta en un terreno de intereacción sobre propuestas y decisiones donde el Estado pierde el monopolio. Desarrollar en todos los ámbitos y a plenitud el Estado Social de Derecho es una de las preocupaciones fundamentales que deberá tener una democracia del siglo XXI.