quarta-feira, 6 de dezembro de 2006

Venezuela vista de dentro. A análise de Teódulo López Meléndez

Com frieza intelectual e acutilância, parágrafo de destaque do que Teódulo López Meléndez escreve sobre as eleições da Venezuela: «El país de la oposición parece dividido en tres sectores. El primero, el de los deprimidos, que toman Lexotanil en cantidades industriales; el segundo, el de los indignados que creían en una victoria y se ocupan de insultar a Petkoff, Borges y Rosales; el tercero, el de los oportunistas que creen llegado el momento de hacerse de un liderazgo pasando por encima de los cadáveres que contribuyeron a matar y, de hecho, proclamándose candidatos presidenciales para el 2012. El país del gobierno, uno evidentemente mayoritario, declara calmo por boca de sus voceros, comenzando por el presidente Chávez quien, a pesar de su retórica habitual, hizo un discurso moderado e inteligente el día de la celebración de su victoria.» É de ler.


Este insólito país ciego y sordo

Teódulo López Meléndez

martes, 5 diciembre 2006

LA PRIMERA impresión que un analista tiene frente a los resultados del 3 de diciembre es que aquí no ha pasado nada, que aquí no hubo elecciones y que simplemente terminó una fiesta. Si uno enciende ese medio noticioso se dará cuenta de que todo sigue igual: no recuerdan haber manipulado y desinformado, ni recuerdan haber dicho que las líneas de los dos aspirantes se habían cruzado. Los “entrevistados predilectos” siguen en pantalla como si nada. Los secretarios generales de los partidos declaran los lunes con la más absoluta normalidad: Puchi habla en nombre del MAS, reducido a la nada, un partido que no existe. Planas habla en nombre de COPEI, un partido que sacó 200 mil votos, un partido que obtuvo una votación inferior a la del Partido Comunista de Venezuela; este último hecho estadístico motivaría una renuncia masiva de la dirección partidista en cualquier país, un llamado a la unión de todos los socialcristianos dispersos en tres sectores. No, el MAS reducido a la nada sigue hablando como un vocero calificado de la vida nacional. No, COPEI, un partido inferior en votación al PCV, sigue siendo COPEI. Los cadáveres están regados por el piso, –me refiero a innumerables partidos que no existen- pero allí están, siguen siendo los líderes de la política nacional, la “alternativa” frente a Chávez, la “oposición”, el chiripero que logró la “unidad”. Uno tiene derecho a preguntarse que clase de poder hace de este país una fotografía inamovible.

EL PAÍS de la oposición parece dividido en tres sectores. El primero, el de los deprimidos, que toman Lexotanil en cantidades industriales; el segundo, el de los indignados que creían en una victoria y se ocupan de insultar a Petkoff, Borges y Rosales; el tercero, el de los oportunistas que creen llegado el momento de hacerse de un liderazgo pasando por encima de los cadáveres que contribuyeron a matar y, de hecho, proclamándose candidatos presidenciales para el 2012. El país del gobierno, uno evidentemente mayoritario, declara calmo por boca de sus voceros, comenzando por el presidente Chávez quien, a pesar de su retórica habitual, hizo un discurso moderado e inteligente el día de la celebración de su victoria. Lo criticable es que los voceros oficiales no se hayan lanzado con todas sus fuerzas contra los extremistas que se dedicaron a atacar sedes de la oposición en un par de ciudades y los hayan metido presos para demostrar una intención reconciliatoria.

NO SE ESCUCHA en los “voceros de la oposición” ninguna autocrítica. Más bien dicen lo contrario: todo fue perfecto, tuvimos un gran candidato, todo es ganancia. La ganancia que han obtenido es de ver al chavismo pasando del 60 por ciento por vez primera, de ver al chavismo ganando todos los estados, de ver al chavismo disparado hacia los diez millones de votos que conseguirá, sin duda alguna, si estos voceros de los partidos inexistentes siguen dominando la escena pública. No se refugien en el ventajismo oficial, en las presiones o en el miedo. Pronuncien una autocrítica, admitan que el candidato era imperfecto, acepten que nunca tuvieron una propuesta de país, acepten que la imagen que transmiten es de contrarrevolución en un momento en que la revolución continúa.

SI BIÉN Chávez cambia de piel con periodicidad de reloj, hay que aceptar que tendió la mano en su discurso de celebración. Lo que puede haber molestado es su insistencia en que vamos hacia “el socialismo del siglo XXI”. Pues bien, ese es el mandato que tiene de la voluntad popular. Nos hemos quejado siempre de que los aspirantes presidenciales ofrecen programas que no cumplen. Ahora tenemos uno que sí lo va a cumplir, es más, tiene la obligación de cumplirlo por un mandato expreso de la voluntad nacional. Frente a ello hay que oponer ideas, no demagogia o populismo. El caso del trueque es emblemático: se han lanzado contra Chávez por traer al debate este tema calificándolo de regreso al mundo precolombino o paleolítico. En artículo publicado en estas mismas páginas hice el análisis serio del asunto, explicando como efectivamente el trueque ha regresado como organización de un sector parcial de asociados que lo practican, desde Estados Unidos hasta Japón, pasando por el comercio internacional. El trueque forma parte de una economía inclusiva que de socialista no tiene nada, porque me niego a admitir que todo lo que sea inclusivo y de justicia pertenezca al socialismo cuando muy bien puede y debe ser parte esencial de una democracia del siglo XXI.

EL GOBIERNO tiene serias obligaciones. Debe mantener el tono conciliatorio que ha prevalecido en sus voceros y debe meter en cintura a los grupos violentos que hacen de las suyas con absoluta impunidad. Chávez, en particular, debe bajar la retórica y recordarse de algo que hasta ahora no ha hecho, gobernar. Chávez debe ordenar por decreto la libertad de todos los presos políticos y si no los quiere llamar de esa manera busque otra forma, pero póngalos en libertad. Chávez debe saber, y lo ha dicho, que el resultado electoral ha acabado con el aventurerismo. En efecto es así. Quiéranlo o no estamos ante un gobierno perfectamente legítimo que ha obtenido una resonante victoria electoral. Debe actuar en consecuencia, pues están derrotados los que pudieron haber tenido la idea de derrocar al gobierno por la fuerza. A pesar de los mastines que siguen insistiendo hay que recordar que se apagarán, que hay una expresa voluntad nacional que incluye, y me permito recordarlo expresamente, una decisión de participar libremente en procesos electorales y de vivir en libertad. Chávez debe saber que su política de inclusión social no puede continuar siendo una contradicción, pues mientras procura incluir al mismo tiempo uniforma de rojo. El principio correcto de inclusión se desvirtúa y prostituye cuando se viste de rojo, pues pasa a convertirse en sectarismo. Es pues Chávez el que más tiene que aprender y corregir.

HAY principios claves en este aspecto. La creación, por ejemplo, de los Consejos Comunales es estupenda, como estupendo es el principio de la contraloría social, pero si para integrase allí hay que ser “rojo rojito” estamos ante una aberración. Chávez huyó hacia delante con esta frase que en mal momento pronunció el ministro Ramírez, y uno lo entiende por efectos de campaña electoral, pero debe omitirla, debe olvidarla, debe recordar que intenta un proceso profundo de cambios y no un exterminio de una parte de la población.

SI ESO es lo que Chávez debe entender, casi no nos atrevemos a decir lo que la “oposición” debe entender. Es exactamente la misma que ha sido derrotada. Siguen con sus manipulaciones y torpezas. Pero intentémoslo: deben aprender que el trabajo político debe estar relleno de ideas, de un proyecto de país, de una idea de grandeza; deben entender que estamos ante un proceso irreversible: Venezuela jamás será nunca la de antes, lo que quiere decir que Chávez, para bien o para mal, es un líder histórico excepcional que ha hecho imposible el retorno al pasado. Deben entender que no se pueden seguir refocilando detrás de siglas sin votos. Deben dejar de escribir “obituarios a la república”, como ha hecho en mal momento un periodista, porque aquí la república sigue viva. Deben entender que el trabajo político es de todos los días y de todas las horas, que hay que aprender a comprender al pueblo y que hay que saber interpretarlo no manipularlo. Deben aprender a leer y saber de las ideas que se mueven en el mundo contemporáneo. Sobre todo, deben dejar de ser contrarrevolucionarios y ponerse a la cabeza de cambios sociales. Aquí hay una revolución y lo que deben hacer es oponer ideas a las ideas, sin sentido retrógrado sino empujando hacia delante.

CHÁVEZ debe terminar de meterse en la cabeza que la revolución venezolana no tiene ningún parecido o semejanza con la revolución cubana. Chávez debe recordar que no puede salirse de los límites de la democracia porque este mundo de hoy no lo va a permitir, muy a pesar de los columnistas de prensa locales que se han lanzado contra los corresponsales y enviados de prensa extranjeros porque no dicen lo que quieren oír. Chávez quiere hacer la revolución en democracia, pues bien, que aprenda a vivir en democracia. Chávez tiene el desafío, que he señalado muchas veces, de una contradicción insalvable entre revolución y democracia. Deberá resolverlo y he ahí el reto fundamental que debe agobiarlo desde el punto de vista ideológico. Democracia es administración de intereses contrarios, revolución es la imposición de una tesis. No le pido respete privilegios, (tampoco los de sus partidarios, privilegios que crecen a ojos de todos), le pido resuelva este inédito enigma. Es también el reto de la oposición, que ahora debe mantenerlo en este campo democrático, contrariamente a lo que yo mismo dije hace un par de años. Es allí el punto donde debemos entendernos, sin ceder en los principios, cediendo sí en lo accesorio. Quiere hacer una reforma constitucional para, entre otras cosas, establecer la reelección indefinida. Esa es una perversión a la que me opondré, pero, al mismo tiempo, hay que admitir que eso indica una voluntad de permanencia en democracia. Seguramente reformará la Constitución para hacerse reelegir, lo que de ninguna manera quiere decir que lo logre. Deberá ganar elección tras elección, lo que veo muy cuesta arriba, pues si no aprende a gobernar y a rodearse gente capaz será derrotado. Por supuesto, elecciones libres y limpias, sin presiones ni compras de conciencia, no a la manera de Saddam Hussein. Y, claro está, si aquí logra organizarse una oposición conforme a los tiempos que corren. ¿Por qué no una derecha moderna? No estoy diciendo de ningún modo que aquí todos seamos de izquierda. Lo que es inadmisible para este país de hoy es una derecha recalcitrante y atrasada. Acostumbro a decir que nada se parece más que una centroizquierda buena y una centroderecha buena. Los principios que manejo para una democracia del siglo XXI tienen similitud inclusiva con los planteamientos del socialismo del siglo XXI, sólo que le pido a Chávez que no los destruya y los haga inviables rellenándolos de sectarismo, de color rojo, de culto a la personalidad o de manifestaciones totalitarias. Le admito a Chávez sus condiciones de líder y de gran comunicador, pero le pido que tome conciencia de la oportunidad que la historia le ha puesto en las manos y no las desperdicie convirtiéndose en un intento fallido o en otro gobierno que haya que anotar en la lista de gobiernos rechazados por la conciencia del hombre.

LO QUE CHÁVEZ debe tener siempre presente es que este país no le aceptará brotes totalitarios, de restricciones de la libertad, presos por razones políticas. Tiene derecho a la realización de su proyecto, lo que le recordamos es que existen virtudes capitales, como la tolerancia, como la democracia, como la libertad del hombre. En consecuencia, debe dar pasos claros en este sentido.

Y LA PARTE grande del país que se le opone debe recapacitar. Debe aprender a producir líderes modernos y capaces, debe saber que la posesión de un pensamiento coherente es indispensable. Debe saber que la “unidad” de ese chiripero derrotado no es la vía para construir una oposición, indispensable, por lo demás, como contrapoder y como balance frente a un gobierno que tiende a irse de bruces. Debe esperar y adoptar una propuesta seria que se le haga, una propuesta de país, una propuesta que tenga en la base adopción de un nuevo siglo y no carantoñas con los detestables privilegios que siguen en el camino manipulando e interviniendo.

DEBEMOS ser otro país. El gobierno y la oposición han errado. Es mi deber restregárselos en el rostro. No vivo de la esperanza, muy bien definida por el premio Nobel, el estambulí Pamuk, como un estado infantil que se mantiene vivo por un desbocamiento de la imaginación. No. No soy hombre de esperanzas, soy un combatiente del pensamiento que cree que las ideas tardan pero llegan a destino.

sábado, 2 de dezembro de 2006

Vai fazer dois séculos. A inédita ideia de Brasil

Prepara-se o Brasil, para comemorar os 200 anos da chegada da Corte Portuguesa ao Rio de Janeiro que ditou o inédito caminho para a independência do País. A Corte, implicando 70 navios, embarcou em Lisboa a 29 de Novembro de 1807, e o primero dos veleiros a chegar ao destino - O Voador - fundeou no Rio a 14 de janeiro de 1808. Sobre o que isto significou para a ideia de Brasil, o jornal O Globo, se as pediu, pediu palavras de quem de direito.

A CORTE NA CIDADE

Francisco Seixas da Costa*

EM FINAIS de Novembro de 1807, uma imensa frota partiu de Lisboa, em direcção ao Brasil. Nela viajava a Corte portuguesa e, com ela, seguia também a esperança de conseguir garantir que a soberania lusitana ficava a salvo da invasão que o país então sofria.

Na memória colectiva de Portugal, este movimento da sua Corte nunca deixou de ser objecto de leituras polémicas. Para alguns, tratou-se de uma fuga sem dignidade, fruto de uma opção política de vistas curtas, estimulada por ambiciosas alianças.

Por muito tempo, poucos a interpretaram como uma decisão assente numa perspectiva estratégica, que poupava o poder real de Lisboa às humilhações que os seus congéneres europeus então atravessavam, em face da imparável ambição napoleónica. E, em particular, raramente foi vista como uma deliberada preservação da integridade simbólica desse mesmo poder, embora sedeado em outras terras do império.

A SERENIDADE que a distância temporal nos concede aponta, nos dias de hoje, no sentido de privilegiar esta última leitura dos factos. Aliás, terá sido mesmo a historiografia brasileira quem cedo sustentou essa mesma interpretação.

Quaisquer que tenham sido as motivações centrais desta aventura – porque é disso que se trata, no sentido mais nobre do termo – uma coisa parece óbvia: ninguém, à época, terá sonhado as consequências que ela acarretaria para o futuro da colónia onde a Corte iria assentar os seus arraiais, desde Salvador ao Rio de Janeiro.

Dentro de um ano, precisamente dois séculos mais tarde, o Brasil vai lançar-se na comemoração do início dessa inédita expedição, a transferência de uma corte europeia – de armas e bagagens, de arquivos e de gentes – para um território periférico do seu império.

A NAÇÃO BRASILEIRA vai ter um ensejo de reflectir sobre quanto da sua identidade civilizacional foi a resultante desse estranho contraste de mundos, de efeitos nas artes e letras, nas leis e nos costumes, enfim, uma imensa revolução cultural na vida de uma colónia que, precisamente por essa razão e de forma quase subliminar, começava a mudar de estatuto.

Com o regresso da Corte a Lisboa, também Portugal iria perceber quanto o país havia mudado, enquanto parte de si rumara pelos caminhos do velho império. E teria também de entender o destino que, entretanto, se desenhara para uma nova ordem, que iria transformar um príncipe do colonizador no agregador da vontade para a fundação de uma nova nacionalidade.

Nestas comemorações, o meu país não tem hoje nenhuma agenda própria. Queremos apenas contribuir, com o nosso património de memória, para quanto o Brasil deseje sublinhar desse tempo que nos foi comum.

SEM OS MENOSRES COMPLEXOS ou remorsos, Portugal vive a sua história com uma imensa serenidade e um grande orgulho. O tempo ajudou-nos a arquivar os conflitos e a saber retribuir os afectos, muito para além das hipérboles da retórica. Brasil e Portugal, pelo que foram e pelo que são, podem hoje dar-se ao luxo de revisitar, num exercício de imaginário assente numa língua e em tantas outras coisas em comum, os dias da presença da Corte de um deles na bela cidade que, afinal, se tornaria a capital do outro. Estou certo que saberemos fazer essa festa com alegria e amizade sincera.

* Embaixador de Portugal no Brasil

terça-feira, 21 de novembro de 2006

Comissão Europeia. E legitimidade democrática

A reforma da Comissão Europeia, escreve J. d'Egmont, é tarefa prioritária. É necessária uma Comissão "forte" não de forma simplista e burocrática, mas por via da legitimidade democrática. Para tanto, "a Comissão, no seu funcionamento, deve reconhecer, segundo modalidades a definir, o papel dos Parlamentos nacionais".


Proposition de quelques principes
pour la réforme et le futur rôle institutionnel
de la Commission européenne


J. d’Egmont
Bruxelles © NV

La continuation du processus inachevé de réforme des institutions européennes et de leur mode de fonctionnement paraît aujourd'hui indispensable, en dehors même des contraintes politiques et institutionnelles liées aux deux processus actuels de conséquences majeures : la réflexion sur la refonte du Traité constitutionnel et la nécessaire poursuite l'élargissement .

Le fonctionnement actuel des institutions et le déroulement global du processus de construction de l'Europe ne sont, en effet, pas satisfaisants.

Les taux de participation aux dernières élections européennes et les résultats des référendums français et néerlandais ont montré d'une façon inquiétante le manque d'intérêt et même la désaffection des citoyens européens à l'égard de la construction européenne. L'opacité des processus institutionnels, l'incertitude à l'égard de la configuration politique future de l'Union, le déficit démocratique du fonctionnement des institutions, les cas rapportés dans la presse de : népotisme, d’harcèlement moral, d'abus de pouvoir, de dysfonctionnements et même de fraudes au niveau de la gestion des fonds attribués par l’institution, ainsi que le manque de résultats tangibles en termes d'amélioration du niveau de vie et de la sécurité des citoyens européens, comptent sans doute parmi les principaux facteurs qui déterminent le manque d'intérêt et de confiance actuel des citoyens à l'égard du processus d'intégration européen.

Avec les élargissements présent et à venir, la réforme des institutions est devenue vitale et celle de la Commission est prioritaire, car il importe que l'Europe dispose d'une institution solide et dynamique sur les plans de la conception de la mise en œuvre des stratégies et de l'efficacité exécutive, jouissant d'une légitimité démocratique capable d'appuyer l'intégration d'une trentaine d'Etats membres et leurs peuples. Capable d'œuvrer pour l'unification d'une Europe de plus en plus diversifiée et plus complexe.

Le passé, encore récent, montre en effet que les étapes majeures de la construction européenne – mise en œuvre des grands principes du Traité de Rome, l'Acte unique pour la réalisation du Marché intérieur, la mise en œuvre de l'euro, la réforme de la Cour de justice, etc. – ont été initiées et réalisées par une Commission forte et crédible qui faisait pleinement usage de ses pouvoirs d'initiative et de participation motrice dans les processus.

Ceci a été possible car les Etats membres étaient moins nombreux qu'aujourd’hui et qu'aucun d'entre eux ne mettait en cause les prérogatives de la Commission. Cette mise en cause a débuté avec le débat sur la subsidiarité à peu près au milieu du deuxième mandat de Jacques Delors, à l'égard d'une institution qui a, alors, été considérée par certains Etats membres comme étant à la fois trop puissante, trop bureaucratique et fonctionnant selon des procédures trop opaques pour les citoyens. A partir de ce moment, la Commission, politiquement affaiblie, a été cantonnée de plus en plus dans un rôle d'organe de gestion et n’a plus été en mesure de jouer un rôle de moteur de la construction européenne.

Or, sans impulsion stratégique européenne, l'Union ne peut pas fonctionner correctement et encore moins se développer.

Dans le contexte politique actuel, cette impulsion et orientation stratégique ne peuvent venir que du Conseil européen.

Mais la Commission, quant à elle, est une institution qui peut et doit être en mesure de contribuer de manière décisive à la mise en œuvre de cette impulsion, d'une manière dynamique et dans l'intérêt général de l'Union, assurant de, par son action, la cohérence et l'efficacité des politiques et des interventions communautaires.

Il faut donc une Commission forte ! Mais cette force ne peut être envisagée d'une façon simpliste et bureaucratique, comme certains le pensent quand ils préconisent uniquement, comme panacées, le simple renforcement des pouvoirs personnels du président de la Commission, le renforcement des contrôles bureaucratiques centralisés et une application généralisée au sein de l'institution des méthodes modernes de gestion.

La force de la Commission doit provenir d'une façon primordiale du fait qu'elle est une institution politique qui doit avoir une légitimité et une représentation démocratiques et qui doit être soumise à un contrôle politique démocratique. A ce propos, nous devons reconnaître qu'en termes politiques et institutionnels, la légitimité démocratique de la Commission ne peut pas provenir d'elle-même, mais uniquement de ses liens institutionnels et fonctionnels de double responsabilité à l’égard des deux seules institutions qui disposent de cette même légitimité : le Conseil des ministres et le Parlement européen.

Nous pensons que dans le nouveau contexte institutionnel européen, les Parlements nationaux peuvent aussi jouer un rôle très important et positif de régulation et d'articulation des deux sources de légitimité démocratique au niveau européen : les citoyens et les Etats membres. La Commission, dans son fonctionnement, doit reconnaître, selon des modalités à expliciter, ce rôle des Parlements nationaux.

Par ailleurs, elle doit être aussi une institution ouverte, transparente et à l'écoute des sociétés civiles des Etats membres de façon à pouvoir avoir la confiance des citoyens européens.

Les réformes institutionnelles des institutions européennes doivent être envisagées comme des jalons allant dans le sens de l'établissement d'une véritable maturité démocratique aux niveaux de leur responsabilité et de leur légitimité institutionnelles et politiques. Cette maturité doit aussi, nécessairement, être envisagée au niveau de leurs fonctionnements internes, car il ne peut pas y avoir de démocratie européenne sans l'existence d'institutions européennes véritablement démocratiques.